He leído lo de las vacas y me ha venido a la memoría el día que yendo yo desde Rehuelga a Casas Viejas, me encontré un becerrito echado al pie de un chaparro, y yo de un salto empecé a trepar por él, pero por muy deprisa que yo subía más deprisa iba la vaca, me llegó a rozar con la punta del cuerno en la planta del pie. Me tuvo tres hora subida en el chaparro, cualquiera bajaba con la asquerosa vaca allí, se me hizo de noche antes de llegar al pueblo. Pasé unos años malos con los toros y las vacas, pues para ir a donde estabamos haciendo el carbón, había que pasar por medio de Rehuelga, donde estaba la ganadería brava. Pasé mucho miedo, mi padre hacía el chozo en el monte, para pasar el invierno, y yo oía los toros como se peleaban y en el silencio de la noche parecía que estaban al lodo del chozo, pensando yo que en cualquier momento de una cornada se llevaban el chozo, y a nosotros por delante. Teníamos que pasar con mucho cuidado, el miedo le enseña a una muchos trucos.
La foto es de Jerome R. Mintz.
