Me cuenta mi amigo Pepe que su vecino Pepe Pareja iba todas las tardes a su casa a echar un rato de charla, pero llegada una hora concreta se iba a la suya a escuchar la radio. Luego supo que se trataba de la emisora del partido comunista que combatía contra el franquismo. El hecho de sintonizar esta emisora no era valadí, te podía costar la cárcel, el exilio o la vida, como le paso a Ricardo Rodríguez Pérez-Blanco en el 37 y que detallaremos su caso en una próxima entrada. Tanto Pepe Pareja como Pepe Lino, como tantos otros derrotados de Casas Viejas y de otros lugares de España acudían a Radio Pirenaica como la voz de la esperanza de los derrotados, aunque se fue apagando progresivamente. En el caso que nos ocupa José Lino Reyes no consiguió tener noticias de su hermano Antonio, pues esté murió en Mauthausen en 1941. Pero el convencimiento de que tenían de su parte la victoria moral los hizo querer que se conociera toda la historia, no sólo la de los vencedores que era la que se ha conocido y difundido siempre. Pepe Pareja hizo de Cicerone y anfitrión a Mintz en el libro Los anarquistas de Casas Viejas y la familia Reyes llevan mucho tiempo intentando, lo mismo que José Lino con la compra de la radio, saber que fue de los suyos. Francisco, José, Pilar… no tienen prisa, siguen buscando datos y documentos que les den pistas sobre el devenir histórico de su familia. Al mismo tiempo que se intenta recuperar la dignidad histórica de toda una generación, que además de derrotada triplemente fue condenada a la pena más cruel que se puede imponer; el silencio y el ocurantismo. ¿Hasta cuando? Me ha venido a la cabeza la última frase del libro El amor en los tiempos del cólera de García Márquez. «El capitán miró a Fermina Daza y vió en sus pestañas los primeros destellos de una escarcha invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor impávido, y lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites. ¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? le preguntó. Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches. Toda la vida – dijo.»
En la fotografía José Lino Reyes

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Un pensamiento en “Radio Pirenáica, la voz de la esperanza antifranquista. Y 2

  1. Una de las obsesiones del régimen no era solamente derrotar a los no afines, sino de abolir su historia y reconocimiento. Toda mi infancia preguntando por mi abuelo Antonio Reyes Estudillo (Antonio Lino) y siempre la misma respuesta: "Se perdió en la guerra, no sabemos nada".Y era verdad, la verdad impuesta a mi familia. Como bien dices, Salus, no tenemos prisa; pero la historia de LOS REYES está encima de la mesa, con toda su verdad. Francisco Nieto Reyes

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