Foto Mintz. Esta fotografía nos sirve de soporte para explicar las herramientas del latero. En el hombro derecho la caja de madera para las herramientas y el material, que portaba con una correa de cuero; en la mano izquierda llevaba el  anafe encendido y alimentado con tablillas y virutas, del que sobresale el mango de madera de un soldador de cobre. El anafe tiene una asa larga de alambre que le aleja del calor que desprende y que lleva bien aferrada a la mano mientras recorre las calles y plazas pregonando sus servicios. En este caso se encuentra en la calle Rafael Bernal, a la altura del bar Palomino y del bar de Melón. Detrás  se atisba una mujer que viene de por agua del Chorro Grande ya con un cubo de plástico, síntoma de que se están acabando los tiempos de los lateros.

Foto Mintz. El latero no tenía sede fija, no tenía taller, este era la calle, se sentaba en un rincón y ahí arreglaba lo que las mujeres le acercaban. Sentado en el suelo, abría la caja y avivaba el fuego del anafe. Analizado el instrumento a arreglar, procedía a las tareas previas. Lo primero era sanear la parte picada, para lo cual utilizaba una lima hasta dejar lustroso y brillante los bordes del  agujero. Después con un pincelillo iba diluyendo en él los trocitos de chapa cinc. Con el soldador al rojo vivo en una mano y la barra de estaño en la otra los acerca al baño de cinc averiado derritiendo sobre ella unos goterones de estaño que iba extendiendo cuidadosamente con el soldador hasta cubrir el agujero; si éste era muy grande recortaba con las tijeras un trocito de hojalata que soldaba en el mismo lugar.

Foto Mintz

Uno de los oficios tradicionales que ya no existen son los lateros o los hojalateros. Se dedicaba a trabajar la lata, buscando restos de ellas y haciendo  utensilios como jarrillos, jarras… También se dedicaba a reparar los paraguas y las ollas o las cazuelas que estaban en mal estado, además limpiaba las latas con betún. Arreglaba además los cántaros para leche o aceite, los vertedores para las tiendas de comestibles, los baños para fregar la vajilla, los recipientes para el aseo de la familia en las viviendas que carecían de cuarto de baño que eran la inmensa mayoría hasta muy avanzada la segunda mitad de este siglo; artilugios para la fabricación de churros; embudos, candiles, faroles…
Foto Jerome Mintz


En el libro Las tradiciones se rebelan Luis Gómez y Rogelio Ruiz escriben sobre este oficio lo siguiente: «En los años cincuenta aparecen por estos lugares los lateros, también llamados hojalateros. Era un oficio con el que muchas personas se ganaban la vida. Trabajaban la hojalata (hojas de metal) que después de darles forma las unían con estaño, confeccionando así recipientes y vasijas. De estamanera lograron mejorar la calidad de vida de laspersonal del campo y las ciudades, que rápidamente fueron dejando a un lado los cacharros fabricados con barro por ser más frágiles…Seleccionamos los utensilios más revolucionarios confeccionaos y vendidos por los lateros:
  • La candileja era un deposito que se llenaba de aceite y disponía de un pico largo. Mediante un trapo que hacía la función de mecha, prendía una llamita que daba una pequeña luz
  • El periquillo, una lata con tapadera, también disponía de un tubito una torcía como mecha, pero en vez de aceite consumías gas
  • Los cántaros para los lecheros,inspirados en los de barros utilizados para el agua
  • Los cubos de todos los tamaños
  • Las famosas aceiteras que aún hoy en día siguen deleitándonos.
  • Por último el jarillo de lata,producto estrella, que gracias a sus múltiples usos se ganó aquel famoso dicho: «Eres más apaño que un jarrillo lata»
Foto Mintz

En Benalup Casas Viejas según nos informan desde el facebook de las fotos antiguas que coordina Luisa Sánchez Juan Manuel Gutierrez:  « El latero el que hacia los jarrillo de lata y remendaba las ollas y cacerolas…  Emilio el latero en Casas Viejas. Ramón el latero de Alcalá».

Foto Mintz


El trabajo se cobraba, como es lógico, en función del material y el tiempo empleado, y que se concertaba de antemano tras el consabido regateo… Hoy se ha acabado el regateo, los lateros y la necesidad de arreglar los cacharros. El reciclaje, la reutilización, el remiendo ha sido sustituido por la compra de un elemento nuevo. No sé si las tremenda crisis por la que acabamos de pasar traerá nuevos vientos que imponga la reutilización y el arreglo sobre el desecho y la compra inmediata ante cualquier desperfecto de los utensilios. Las fábricas realizan sus productos bajo un plan preconcebido, donde la duración del producto tiene fecha de caducidad y no se pueda reparar, ni  reutilizar, sino que se compre otro nuevo. Es lo que se denomina obsolescencia programada. Que por cierto no me gusta nada, de nada.
   
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