Escribe Antonio Cazorla: “ En primer lugar estuvo la brutal y despiadada represión política contra los vencidos que, por dar una idea, provocaría que en 1941 nos acercásemos a la dantesca cifra de 280.000 españoles todavía encarceladas por su simpatía o colaboración con la República. Entre ellos estaba parte de las quizás 50.000 personas que fueron ejecutadas entre 1939 y 1945. Entonces, y después, muchísimos más españoles sufrieron un acoso institucional y social, legal o paralegal, implacable. Esto ocurrió mientras Franco se jactaba de ser un gobernante europeo normal…La dictadura y el clero afirmaban que la España de posguerra era un país en paz… La primera negación era que la represión franquista sirvió principalmente para apuntalar el régimen a costa de infundir más odio y rencor, en vez de curar las heridas del pasado”.
El primer franquismo es considerado como una de las épocas más nefastas de la historia de España. En ella coincidió la represión política y la social, los llamados años del hambre. La entrada de hoy va sobre la primera. Como dejó escrito Fernnado Fernán Gómez, en las bicicletas son para el verano, con el fin de la guerra no llegó la paz, sino la victoria.
José Carlos Luna en el ABC de 19-6-1937 lo enuncia de esta forma:“¡Pobre Benalup de Sidonia! Escenario ayer de la farsa más inicua que soñara la humanidad y tan risueño hoy… pregonando que se guisa para comer y que se come porque se trabaja en paz y en gracia de Dios.”
Pero ese “en paz y en gracia de Dios” estaba basado en una atroz represión política cimentada en las muertes, los destierros y el terror. Por eso podemos dividir a los benalupenses derrotados en los sucesos y en la Guerra Civil como enterrados, desterrados y aterrados. Ya hemos visto otras veces, como en la Segunda República un grupo de casaviejeños quiere cambiar lo injusto y paupérrimo de su situación participando en la cosa pública. Todos los que atacan al poder, económico o político, a la larga, son devorados, aniquilados o castigados por ese poder que quieren eliminar o sustituir. Ese fue el gran objetivo de la represión política del franquismo.
Entre los sucesos y la Guerra Civil murieron de forma violenta 38 casaviejeños, sólo uno lo hizo luchando en el bando nacional. 25 en los sucesos, 4 en los famosos paseíllos, tres en la cárcel, uno se suicido tirándose a un pozo, otro en la zona republica durante la contienda y tres en Mauthaussen.
Tras el estallido de la Guerra Civil, unos 100 casaviejeños huyen a la zona republicana empujados por el miedo a las posibles represalias por su ideología y simpatías republicanos. Tras la pérdida de la Guerra, los que vuelven son encarcelados y sometidos a procesos sumariales. Al salir de estas fueron adaptándose a las nuevas circunstancias, pero hubo una parte que se caracterizan por la inadaptación al nuevo orden franquista impuesto que los excluyó a todos los niveles, sobre todo en el campo laboral. No solo sufrieron represión política por haber perdido la guerra con condenas en cárceles, sino también por el papel marginal que el régimen triunfador les otorgaba a los vencidos. La única opción fue el exilio exterior o interior. La casuística fue muy variada. Los hubo que, como José Suárez, Juan Sopas o Antonio Durán, optaron por la emigración directa; otros deciden quedarse en un principio, optando para subsistir por prácticas relacionadas con la economía depredadora tradicional, o/y actividades alegales o ilegales como contrabando y estraperlo a pequeña escala. Algunos van a formar parte del maquis. El inicio casi siempre era el mismo: a principio de los cuarenta estos personajes, de día vivían en los pueblos y de noche salían a atracar cortijos en busca de comida. Cuando a estos hurtos se le unía su significación política anterior, la persecución era más intensiva. La huida al monte y su incorporación a partidas de guerrilleros fue otro paso lógico más en esta inercia hacia la derrota total. Después de la cárcel todos terminan marchándose de esta tierra, todo derrotados y a alguno como al “Tuerto Manguita” se le prohíbe expresamente que vuelva a su pueblo.
