Antonio Cazorla cuenta en Los españoles de a pie durante el franquismo la visita de este a un pueblo de colonización: “La vida durante los años cincuenta y sesenta era previsible en Llanos del Caudillo, un pueblo agrícola de nueva creación de la provincia de Ciudad Real. Se basada sobre todo en el esfuerzo diario, y en el disfrute de los contados momentos de ocio que quedaban al final de la jornada o de la semana. De ser preguntados, sus habitantes habrían asegurado con toda probabilidad que no existía la política allí, pese a que la política no los había abandonado a ellos del todo. Un día, en 1957, las autoridades anunciaron la visita del Caudillo a la localidad, a la que el Instituto Nacional de Colonización le había dado su nombre. La gente estaba muy excitada. Luego los presentes recordarían cómo los maestros hicieron formar en fila a los niños para saludar al dictador, al que el pueblo al completo se dispuso a rendir homenaje. Lo que sucedió después puede calificarse de anticlimático: la caravana de Franco redujo la velocidad al acercarse al pueblo, sus guardaespaldas cambiaron de sitio y la limusina aceleró de nuevo carretera abajo. La visita había terminado. No sabemos si los habitantes de Llanos del Caudillo recuerdan el incidente con bromas o con amargura, o si la aparente unanimidad de la población local sobre la situación de paz y su conformismo eran tan reales como entonces se quería creer. Porque incluso allí había al menos una persona «con ideas» que en diciembre de 1966 se atrevió a votar NO en el referéndum organizado por Franco, causando un gran revuelo. Durante años los vecinos se preguntaron quién se había arriesgado de tal manera. En todo caso, a la llegada de la democracia en 1977 muchos de aquellos campesinos todavía se mantenían aprensivos hacia la política de partidos, pues recordaban lo que habían visto u oído durante los años de la República y lo que les habían contado después, y opinaban que «todos los partidos quieren ganar y no aceptan la derrota», y por eso creían que la política precipitaría de nuevo al país «a la violencia»
Francisco Franco Bahamonde vino con relativa frecuencia a cazar a la finca de las Lomas, nunca visitó Benalup de Sidonia, aunque sus decisiones marcaron la vida de este pueblo. Unas decisiones de un hombre que marcaron la política de todo un país por cerca de cuarenta años. Un hombre que presumía de que no se metía en política.
Mintz recoge en Coplas de carnaval las visitas de Franco a Las Lomas: “Cada año, el mismo Franco viajaba a la finca para cazar cientos de pichones en un solo día. Cuando el dictador se disponía a salir de Madrid, guardias civiles con armas de repetición se alineaban -como una fila de fichas de dominó armada moviéndose lentamente- en la carretera que lleva a Andalucía”. Según escribe José María Gutiérrez Sánchez en el libro la Tierra, “el general Franco visitaba a la familia Mora Figueroa habitualmente, ya que eran amigos. Esta amistad y sus visitas supusieron una enorme ayuda para la finca, que comenzó a prosperar al aumentarse las hectáreas de cultivo por la desecación de la Laguna de La Janda. Al mismo tiempo, el Régimen facilitó la llegada de gran cantidad de maquinaria agrícola de todo tipo”.
Agustín Coca en los Camperos escribe: “El dictador Franco visitaba al marqués de Tamarón y sus posesiones para ejercitarse en la cacería. Entonces, se apartaban a los trabajadores de los campos o se disponían en fila para que saludaran al “generalísimo”. Francisca recuerda con indignación cómo: “ …cuando iba Franco a la cacería, los de Casas Viejas no iban porque los avisaba. A los demás nos llevaba a un puen te…nada más que los que estábamos allí viviendo. Cuando ya se iba, entonces cogíamos algodón. (…) otras veces nos ponían en el carril con la manita así[para saludar]…y ¡ahora se da cuenta una que esto era como Kunta –Quinte! ¡esos camiones llenos de venado, llenos de perdices, que había estado en una batida y como diciendo ahí tengo mis esclavos y ya me voy yo harto de comer!.” Francisca 81 años, jornalera. 2005
En el Facebook de las fotos antiguas que coordina Luisa Pérez apareció el tema y hubo varias intervenciones.
Paco Barberán: “Cuando el dictador venia de casería a Las Lomas, los colegios eran desmontado por unos 15/20 días, para colocar las literas de los guardias civiles, que antes durante y días después controlaban los pueblos limítrofes, carreteras etc y sobre todo a los señalados por los sucesos y del bando republicano de la guerra. Cerraban la escuelas, a lo que de chavalitos nos hacía gracia, pero más tarde te daba rabia, el porque teníamos que suspender nuestro curso, porque ese señor viniera de cacería, a parte de diferentes ministros como López Bravo, y diferentes caciques de su club, a los más mayores de las escuelas, lo mismo que a muchos hombres, eran obligados a estar esos días de batidas por los campos, para poner a los pies de los cazadores, la cacería.
PD. fui monaguillo con el sacerdote Muriel, en muchas misas por la comarca, entre ellas las del dictador y sus socios, minutos antes de salir de caza, donde acabada la misa, el, el cura y los caciques de la comarca, se daban un festín antes de salir y después de la caza, mientras a los monaguillos, nos mandaban a la cocina del caserío a tomar un café con leche y una magdalena). ! Ay !»
Manuel Ruiz Jordan: «En varias cacerías de faisanes con Franco estuve yo en las Lomas. Con quince años que ya trabajaba con los tractores allí. Estábamos para recogerle los faisanes que caían allí… » Especialmente significativa de la atmósfera que generaban estas visitas es el testimonio de la hija de Juan Moreno Vidal. Carmen Moreno López: « Mi padre cuando venía Franco a las Lomas no salía de mi casa se traía el trabajo a casa porque ponían cada 5 metros un guardia civil y mi padre tenía mucho miedo luego cuando se iba franco mi padre iba a cazar a las lomas con el Nono y Andrés Cózar y traía saco llenos de conejos y perdices que teníamos que vender porque entonces no había nevera»
Manoli Montiano :» Mi padre Manuel Montiano Cruz también estaba en esas cacería. Con Franco recogiendo los faisanes Y metiendolo en los congeladores De la casa de los Moras Figueroa»
Aunque el fatalismo y el conformismo estaba extendido, algunos viejos campesinos anarquistas que llevaban toda su vida en la clandestinidad decidieron contarle su verdad y su forma de vida a Jerome Mintz. Algunos jóvenes estudiantes también al final del franquismo empezaron a oponerse a este. Pero la apoliticidad había triunfado y tenía unas raíces más amplias de lo que pudiera parecer. La sombra del franquismo fue muy alargada, desgraciadamente alargada. Sobre eso versará la próxima entrada.
