Hemos visto como hubo dos tipos de migraciones; las temporales a Alemania y las definitivas al levante español fundamentalmente. Las migraciones siempre tienen un cierto carácter de obligatoriedad, política, económica o cultural, y la prueba es que nunca se pierden los contactos con la tierra que los vio nacer. En el caso de las emigraciones a Alemania una vez al año se hacía el esfuerzo de visitar el pueblo y la familia.


Así lo cuenta Mintz: “Por navidad, aprovechando que en el centro de Europa las condiciones climáticas impedían trabajar en la construcción volvían de vacaciones al pueblo. Mintz cuenta la incidencia en el pueblo de ese distinto grado de adquisición de bienes de consumo: “El dinero enviado por maridos e hijos que trabajaban en Alemania, Francia, Holanda o Suiza mantenían  a muchas familias a flote. Durante el año, las familias de los trabajadores emigrantes eran mantenidas unidas por las mujeres y los abuelos, pero en diciembre los hombres regresaban para las vacaciones de Navidad. Algunos de los hombres -que tenían en su mayoría de veinte a cuarenta años- no habían vuelto al pueblo hacía ya muchos años. Llegaron en autobús con maletas de cartón y cajas de juguetes. Los niños, emocionados, corrían por las calles con sus regalos: uno tenía una gigantesca muñeca de tamaño natural que llamaba la atención de los transeúntes. Los tenderos del pueblo también estaban contentos de que los hombres hubieran vuelto con dinero en los bolsillos. El farmacéutico incluso vendió un artículo de lujo: una botella de loción para después del afeitado. Un trabajador que acababa de volver del extranjero compró un pollo entero al carnicero”.



En el caso de Torrent, aunque la emigración se convirtió generalmente en definitiva,  nunca se perdieron, ni se ha perdido el contacto con Benalup. Antonio Cazorla habla de las visitas veraniegas al pueblo que los vio nacer: “En sus maletas trajeron al pueblo tal vez el primer aparato transitor en el que se oyó música o el fútbol, o el primer vermut italiano que sus amigos bebieron entre comentarios irónicos …Sus hijos serían los primeros en presentarse en las fiestas estivales con melena y escuchando música ruidosa cantada en inglés. Y fueron probablemente sus hijas las pioneras en llevar minifalda, fumar en público, o entrar con sus amigas en el bar del pueblo donde antes solo iban los hombres… Emigrar significó no solo ir a vivir a otro sitio sino también un cambio personal y colectivo». 



Como las circunstancias eran difíciles, sobre todo al principio, la ayuda y la colaboración entre paisanos era habitual, más si cabe en los barrios y calles, como la del Buen Consejo, poblada casi íntegramente por benalupenses. El proceso fue de una magnitud grandiosa, familias enteras abandonaban el pueblo en busca de unas mejores condiciones de vida, muchas veces esta emigración era una huida, ya que se marchaban del pueblo de noche, dejando en las tiendas grandes cantidades de deudas, en establecimientos como el de la Berenjena, Antoñita la Carne o el bar Ricardo. El casamiento de la pareja o la muerte del patriarca de la familia precipitaba la decisión de emigrar. Las emigraciones a Torrent fueron mayoritariamente de carácter definitivo, de hecho al cementerio de Benalup le llamaban Torrent, porque el que se iba no volvía. Pero cuando se pudo se volvió. A pagar las deudas, a ver la familia o simplemente de vacaciones. Aunque han sido muchos los que han vuelto a vivir a Benalup, la mayoría se han quedado allí y han formado una gran colonia que con sus hijos y nietos, ya valencianos, integran una colonia de benalupenses que supera el millar. En enero de 1994 se celebró un acto institucional en Torrent de hermanamiento entre los dos pueblos. Al año siguiente por feria devolvieron la visita a Benalup. Aunque ya no se han vuelto a repetir este tipo de actos oficiales, el contacto entre los benalupenses de uno y otro lugar sigue siendo frecuente y constante. 
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