El martes 18 de septiembre falleció Manolo Lago. Conocí a Manolo en 2007, me lo presentó mi amigo y vecino suyo, José González. Ya estaba algo mayor, jubilado y pasaba sus ratos libres en el huerto. Fue siempre zapatero aunque, como muchos otros, también trabajó en la construcción aprovechando el viento favorable. Cuando leí Coplas de Carnaval de Mintz, me impresionó la figura de este zapatero, tan libre, tan adelantado a su tiempo, tan vanguardista, tan pegado a su tierra.
Manolo Lago es el protagonista principal del libro de Mintz, Coplas de carnaval. Es el representante del genuino carnaval de toda la vida, el tradicional, el de pueblo pueblo. No es un héroe americano ni ha ganado ninguna batalla, sí que aparece como un zapatero con ideas, muchas ideas (las zapaterías y las ideas siempre juntas). Se trata de un hombre humilde, sencillo, modesto, llano… que utiliza la palabra para intentar mejorar las condiciones de vida de él y de sus vecinos.
Se puede leer en el libro de Coplas: «Compositores y cantantes han esperado su momento todo el año:
No dije nada antes porque dirían que estoy loco. Esperé hasta el carnaval para expresar mi crítica. Para eso es el carnaval, ¿no? No escribo coplillas verdes o pequeñas cancionetas alegres. Trató de asuntos que quiero criticar. (Manolo Lago)»
Desde esa normalidad y cotidianidad, se convierte en el personaje más importante del citado libro. En el prólogo aparece el agradecimiento de Mintz: «Agradezco a la gente de las ciudades y pueblos de la provincia de Cádiz -especialmente de Cádiz, Benalup, Trebujena, Ubrique y San José de Malcocinado- sus contribuciones artísticas e intelectuales. Alberto Ramos Santana me prestó su ayuda y hospitalidad con gran generosidad, tanto personalmente como a través de sus obras. También doy las gracias a Diego Caro Cancela por su colaboración. La misma apreciación va a Manolo Lago Barberán, Jesús Máñez Moya y Carmen García García, de Benalup».
Ayer murió Manolo Lago y no se me ha ocurrido otra cosa que hacerle un humilde homenaje desde este blog que tanto le debe, publicando las menciones suyas que aparecen en el libro de Mintz (Coplas de carnaval y sociedad gaditana):
«El líder de Los Llorones, Manuel Lago Barberán, conocido como Manolo el Zapatero, tenía entonces treinta años. Manolo había estado de aprendiz varios años antes de poder ganar el salario de un día completo. No tenía ninguna tienda propia y trabajaba para dos ex-zapateros de mayor edad que tomaban encargos de individuos y proveedores de la ciudad. Para ganar el salario mínimo, Manolo debía completar, por lo menos, un par de botas (coser y recortar las suelas hasta el cuero superior) cada día. La mayoría de los días los pasaba reclinado sobre un banco en un cuarto oscuro de techo bajo en compañía de otros dos colegas zapateros. Los tres hombres trabajaban sin pausa y apenas levantaban la vista mientras cosían y golpeaban el cuero. Otras veces, Manolo trabajaba solo. Como su pequeña casa estaba atestada con sus niños pequeños, frecuentemente regresaba a casa de su madre, donde se dedicaba a cortar y guarnecer cuero mientras disfrutaba del sol invernal sentado a la puerta de la casa…
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| Foto Jerome Mintz |
Como maestro de la murga, Manolo guardaba una copia enrollada de sus canciones. Solía guardarla en su mano para referencia, pero a menudo el rollo servía de batuta. Manolo no sólo dirigía el cante, sino que había escrito la letra de más de la mitad de las cincuenta y seis canciones que formaban su repertorio…
Manolo Lago de Los Llorones y Ángel Guillén Benítez de Los Turistas compartían muchas creencias en común: ambos eran naturales del pueblo, muy conocidos y apreciados; ambos eran serios en su modo e intenciones de expresar sus opiniones en sus letras. La clase social, los antecedentes personales y las convicciones formaban las distinciones más obvias. Manolo Lago, el autor de Los Llorones, era un zapatero, lo que estaba considerado entre los oficios más bajos en cuanto a salario y status social, clasificado al mismo nivel que los campesinos. En comparación, Ángel Guillén Benítez, el letrista de Los Turistas del Figuras, era un maestro, lo cual, por profesión y educación, lo adscribía a la clase media. Los maestros solicitaban un empleo de entre los de una lista nacional en base a su experiencia. Por necesidad, la mayoría de los maestros empezaban su carrera en pueblos pequeños y, a medida que aumentaban su experiencia, se cambiaban a posiciones consideradas más deseables en pueblos más grandes y ciudades. Sin embargo, Ángel Guillén, natural de Benalup, tenía lazos estrechos con el pueblo…
Todavía recuerda perfectamente Manolo Lago el incidente de aquel concurso. Nos cuenta que para todo el mundo estaba claro que ganarían los turistas. Los componentes de esta agrupación habían sacado previamente tres comparsas, eran más instruidos, estaban mejor preparados y se basaban en el modelo del carnaval de Cádiz. Los componentes de los Llorones casi ninguno sabía leer, a la mayoría les gustaba demasiado el vino y salvo Luís “Torrijas” y el propio Manolo eran personas muy mayores. Pero ahí estuvo la clave para Manolo Lago. Estos viejos murguistas, que habían vivido el carnaval de antes de la guerra civil sentían y vivían profundamente el mundo de la murga, cuando se vieron en el cine Román dieron todo lo que tenían, y, sobre todo, representaban el mundo de la murga, el carnaval de toda la vida, el del pueblo, al que el público respondió con su aplauso y predilección mayoritaria. Fue una hermosa lección…
El carnaval de 1979 tuvo lugar unos pocos días antes de las elecciones nacionales. Miércoles de Ceniza, que señala el comienzo de la Cuaresma, cayó en el 28 de febrero; las elecciones fueron el 1 de marzo. Para el carnaval de 1979, Manolo Lago, el ex-zapatero, volvió a tomar su pluma para componer las letras para la murga Los Confiteros.
Las coplas que Manolo Lago compuso en 1979 para Los Confiteros cubrían el abanico de las noticias del pueblo: la compra de una nueva ambulancia, la inauguración de una discoteca cuyas oscuras esquinas atraían a la gente joven, una disputa entre dos barberos y Gallinito que terminó con una pelea a cuchillo, un accidente de carretera en el que un conductor se dio a la fuga, el robo de un televisor de un bar y la baladí persecución del ladrón y la llegada de una nueva médica querida instantáneamente por la gente del pueblo. También había canciones de crítica, como de la falta de consideración hacia los huesos de los cadáveres cuando el viejo cementerio fue derribado por un bulldozer para construir un pequeño parque. También fueron criticados los chismes que corrían por el ayuntamiento y el modo no democrático en que se tomó la decisión de colgar un letrero que decía Asamblea Local en la nueva ambulancia, como si fuera la propiedad particular de los cuatro hombres involucrados. Una copla contaba las aventuras de tres hombres en una juerga: eran los mismos bromistas de los que se cantó unos trece años antes (incluyendo Perico y el Cojo Chinejas). Fueron a una taberna a disfrutar un estofado con vino y, como de costumbre, se excedieron con el vino. Cuando se despertaron por la mañana, resultó que estaban atados entre ellos por una pierna, circunstancia que descubrieron cuando uno de los hombres intentó ir al baño a orinar.
Manolo también ofreció un irónico brindis al médico del pueblo, que se jubilaba después de cuarenta años de servicio…. Manolo Lago continuó expresando la sorpresa y el dolor de los desplazados campesinos del pueblo.
No sé lo que está pasando
con esta vida moderna
que están dejando en el campo
la mitad de las cosechas.
Parecen que están de acuerdo
el chico y el grande ya
para recogerlo en un día
aunque pierdan la mitad.
Todo a base de maquinaria
y no reparan en nada
para los pobres obreros
está la vida fatal.
No sé lo que habrá ocurrido
porque eso vale dinero
que la mitad los garbanzos
vayan en el suelo.
Y los obreros tres días
dándose las madrugadas
hoy no se puede coger
porque hay “bronqueá”.
Entonces le comunican
no hay que levantarse más
porque dentro del almacén
los garbanzos están.
Señores “tó” fue un engaño
se le puede llamar abusar
para que los pobres no fueran
ni siquiera a rebuscar.
Señores así está la vida
Hoy en nuestra ciudad
sólo con la marcha verde
un pueblo no puede aguantar»
El que esto suscribe, no cree en las religiones de salvación ni en el más allá, aunque a veces le gustaría creer, ahora por ejemplo. Me gustaría pensar que se reúnen los viejos amigos, Jerome Mintz y Manolo Lago, y que desde arriba contemplan lo que sembraron en su Casas Viejas (a secas, secas) disfrutado ahora por nosostros en forma de legado. Con su esfuerzo y trabajo han permitido que seamos un poco mejores y tengamos la autoestima un poco más alta.
Mis condolencias a la familia de Manolo Lago. Saben que la admiro y respeto. Cuando leí Coplas de carnaval y conocí a Manolo Lago, entendí por qué sus hijos y nietos son tan libres, tan adelantados a su tiempo, tan vanguardistas, tan pegados a su tierra y con tanta complicidad con las causas que ellos consideran justas y necesarias, sobre todo, si parten con el calificativo de perdidas. Insisto, para explicar cómo son y cómo piensan, me baso en cómo era y en lo que hizo su padre. En lo sucesivo lo seguiré haciendo. Dichosos los que salen a los suyos.
Este blog le debe mucho a Manolo Lago y por ello humildemente lo quiere homenajear en este día ofreciendo la posibilidad de escuchar a Los niños llorones de 1966 dirigidos por el zapatero Manolo Lago y grabados por el antropólogo Jerome Mintz. En este enlace se puede hacer. No todas las comparsas tienen un DVD grabado, un audio y un libro. La de Manolo Lago de 1966 sí. Gracias a Manolo Lago y Jerome Mintz, entre otros, hoy los podemos escuchar. Y valorar.








Muy bonitas palabras para un buen hombre, gracias por este escrito porque hoy sabemos un poco más de éste hombre