El último romance de la serie, resta la conclusión, es una canción de quintos. Los quintos eran los jóvenes que se marchaban al servicio militar o a la guerra y los días antes se despedían con actos festivos varios, entre los que incluían las bebidas, las comidas y las canciones. Hay muchas versiones y muchos tipos de canciones de quinto. La primera parte sale en muchas de las versiones de internet, como termina este romance no lo he encontrado en ningún sitio. He ahí, parte de su relevancia y trascendencia.
YA SE VAN LOS QUINTOS, MADRE
– Ya se van los quintos, madre,
ya se van para la guerra.
Y el que va en medio de todos,
el que más penita lleva.
Le ha preguntado el capitán
que: -¿Por qué lleva esa pena?
Si es por padre o por madre
o es porque se va a la guerra.
– No es por padre ni por madre,
ni es porque me voy a la guerra.
Es por una muchachita
que detrás de mí se queda.
– Pues coge el caballo y vete
y te despides de ella.
En mitad del camino
se encontró una sombra negra:
– Quítate, sombrita negra,
mira que voy a disparar.
Viendo que no se quitaba
el caballero disparó.
Informante: Ana Montes de Oca Bancalero.
Los quintos eran los jóvenes de la misma edad que eran llamados a filas. El nombre proviene de la contribución de sangre u obligación de servicio militar que Juan II de Castilla (1406-1454) impuso durante su reinado, según la cual uno de cada cinco varones debía servir en el ejército. Pero dicha disposición no cuajó, habrá que esperar a que lleguen los borbones a España para que Felipe V la retome, pero ya no sólo tenía que ir al servicio militar un quinto de los varones, sino todos.
Para despedirse tenían la costumbre de reunirse y partir de ronda cantando canciones, que se componían especialmente para la ocasión. En ellas, entre burlas y veras, aparecían las preocupaciones más hondas de estos muchachos: la fidelidad o infidelidad mutuas del recluta y de la novia que dejaban en el pueblo, la vigilancia de las futuras suegras sobre sus hijas, el dolor de las madres y las novias que se separaban de estos jóvenes. La ocasión presentaba una mezcla agridulce de tristeza y alegría. Por un lado, alegría porque se iba a conocer un mundo nuevo y porque cuando volvieran ya lo harían instalados definitivamente en el universo de los adultos. Tristeza por dejar atrás a la familia y a la novia y sobre todo por la incertidumbre hacia el futuro, como veremos en esta canción que traigo hoy al blog.
Las Canciones de quintos siempre fueron parte del rito de paso que los jóvenes varones vivían entre su etapa de joven adolescente, que estaba finalizando, y la nueva etapa de joven adulto. Se trataba de canciones que se solían interpretar en tres momentos festivos: el día del Talleo, el día del Sorteo y el día de la Ida. Eran días de mucha bebida, mucho jolgorio y mucha transgresión. El paso que se iba a dar era tan importante que se le permitía socialmente que fueran ellos los protagonistas. Algo parecido al carnaval antes de la Cuaresma.
Como otros muchos romances que se transmiten por vía oral, además de las multiples versiones existentes, tienen en común que se trata de un relato, de historias, de narraciones realizadas a través de versos. Muchas canciones repiten los primeros cuatro versos que son la introducción. El protagonista va a ser un quinto que se siente especialmente apenado. En los siguientes 10 versos descubrimos que en este caso la pena no es por abandonar la unidad familiar, sino por la novia que se queda en el pueblo, por lo que el capitán decide darle permiso para que vaya a despedirse. Esta temática es muy repetida en las canciones de quintos. Se trata de resaltar la pena que causa abandonar forzosamente a la novia que se quiere, en este caso para ir a la guerra. Pero lo que hace especialmente interesante a este romance que les canto al grupo del IES Ana Montes de Oca Bancalero es el final. Los últimos seis versos. Insisto en que esta versión no aparece en internet. La manera de resolver el relato es muy significativa. El joven se encuentra una sobra negra (¿la muerte?) y le dispara. De tal forma que la idea central de la canción no es la pena por irse del pueblo y dejar a la novia, sino la incertidumbre sobre el futuro, lo que le deparará la guerra y la nueva vida al joven quinto. De esta manera, la esencia de la copla transmite que estas fiestas eran un rito iniciático entre la juventud y la edad adulta. Y más que al pasado y al presente se le temía a la incertidumbre del futuro. Ese rito iniciático representa la llegada de la madurez, en esta ocasión disparando a una sombra desconocida. Es lo que viene a decir esta canción de quintos que deambula por la tradición oral benalupense. Resume y refleja perfectamente la angustia de estos jóvenes ante la llegada de la madurez.
En el 2001 José María Aznar tuvo la feliz idea, según mi entender, de hacer desaparecer el servicio militar obligatorio y sustituirlo por la profesionalidad en el ejército. Eso junto a la homogeneización y globalización que imponen las nuevas tecnologías están haciendo que esas canciones de quintos, lo mismo que el resto de los romances, estén en verdadero peligro de extinción. Una verdadera pena porque la mayoría encierran una profundización y unos valores dignos de conocer y difundir.

