Foto Mintz. El Ventorrillo del tuerto Vela. La primera casa con tejado a dos aguas del pueblo
En la sociedad tradicional la posada o la pensión tenía un importante papel. Como no había hoteles, ni lugares para alojarse estas se convertían en el único lugar posible para cobijarse y resguardarse. Así eran utilizadas por viajeros, trabajadores itinerantes, curiosos, arrieros y un sinfín de personajes curiosos que creaban en la pensión un micromundo especial.

Llegaban a pie, en el autobús y más recientemente en sus propios coches, pero el medio de transporte más utilizado era la tracción animal; caballos, mulos y burros, por eso como veremos las posadas o las pensiones tienen anexos a las habitaciones una cuadras donde dormían los animales. Las habitaciones estaban arriba y abajo la tienda de bebidas, donde además de estas se comerciaba con casi todo tipo de mercancías. Los posaderos eran una especie de intermediarios, de caciques incas entre los que llegaban y el pueblo. En un pueblo como este formado de idas y venidas, la hospitalidad siempre ha sido una seña de identidad. Otra característica es que en el contexto de la época las condiciones no eran demasiado lujosas. Le pregunto a Carla Mintz sobre sus recuerdos de las pensiones de los años sesenta ya que ella y su familia fueron usuarios de ella y me dice “de las posadas antiguas solo recuerdos de tener frio”. 
Foto Serrano. Calle San Juan. Abajo la tienda de bebidas, a la derecha las cuadras, arriba la pensión.



La importancia de las posadas en un sitio como este, de paso, de cruce de caminos, de frontera, de tierra de nadie… nos los da el dato que ya había una cuando todavía no era pueblo, sino  que había poblamiento disperso, siendo la segunda vez que aparece en las fuentes escritas el nombre de Casas Viejas, aludiendo al ventorrillo.  En el libro de la historia de Medina Sidonia de Martínez Delgado podemos leer: “En cualquier caso, por una carta del capitán Alonso Gómez Olvera Butrón al séptimo duque de Medina Sidonia, en la que narra su misión de recibir y conducir al rey de Portugal don Sebastián desde Gibraltar a Medina, sabemos de su parada en la venta llamada Casas Viejas, en el año de 1579, en donde le hizo “dar de comer a él y a los que con él venían, a costa de V.E., espléndidamente, y estuvo aquello tan bien puesto que se alegró mucho” 

Foto Serrano. Detalle de la entrada a las cuadras de la pensión San Rafael



En 1818 antes de la creación de la población estable en Casas Viejas el ayuntamiento de Medina destruye el otro que había en el pueblo y solo deja este, pero prohibiéndole la venta de bebidas alcohólicas, ante las quejas de los vecinos. En 1835 aparece en un acta capitular «Bernardo de Cózar, bentorrillero de Casas Viejas». Este fue el primer alcalde pedáneo, de Algatocín, fue uno de los primeros en establecerse definitivamente en Casas Viejas. Fueron varios los que explotaron este ventorrillo, pero la propiedad pertenecía a la familia Vela, desde que Francisco Vela López, lo comprara en la primera mitad del siglo XIX. «Adquirió el viejo mesón, el primer edificio techado de teja en Casas Viejas, a cambio de impuestos atrasados», dice Mintz. A principio de los setenta del siglo XIX en la descripción que hace del pueblo Juan Algarales García dice: “Posadas hay dos dentro de esta aldea”.



Pero las tres grandes pensiones o posadas tradicionales del siglo XX han sido la posada San Rafael o de Alfonsito el de Pérez, el Coscorrón y la pensión de Varelo. 
Foto Serrano 1933. Abajo la tienda de bebidas, arriba la pensión.



En la Alameda hacia 1876 Francisco Moreno Barberán puso una pensión con su consiguiente cuadra para los animales y una tienda de bebidas. Paco Moreno era hijo Manuel Moreno Girón, natural de Medina Sidonia se trasladó a Benalup donde arrendó las tierras que se situaban en los alrededores de la Torre de la Morita. Era conocido en el pueblo como “El feo de la torre” debido a haber sufrido la varicela y posteriormente la viruela y como consecuencia de esto se le desfiguró la cara. Este emigró a México traspasando el negocio. En 1908 tanto la pensión como la tienda de bebida consta ser titularidad de  Rafael Mateos que se las vendió a los hermanos Manuel y Julián Pérez Barrios, los cuales se los arrendaron a su sobrina Paz Luna que estaba casada con Manuel Montiano que eran quien regentaba el bar en 1933, en la época de los sucesos. Manuel Montiano traspasó su negocio al actual bar Polvarea y los hermanos Barrios traspasaron el negocio a su sobrino político, Alfonso Vela, que popularmente fue conocido como Alfonsito el de Pérez. 

Foto Mintz Ana Sánchez atiende a un cliente


Ana Vela González nieta de estos escribió sobre esta posada: “Alfonso Pérez y Ana Sánchez se hicieron  cargo de la posada que había en la calle San Juan, junto a la iglesia. Según nos cuenta Ana Sánchez, en las habitaciones de la posada se encontraban una o dos camas, un cuarto de baño en el que había una escupidera, un barreñito con agua y una toalla. Además en la habitación había una jarrita con agua y una ventana para que entrara la luz del día, dado que era la única que había en esa época. En la posada había un total de doce camas, considerada como una de las mejores posadas que había en Casas Viejas. En cuanto a la comida que se servía era tortilla de bacalao, jamón, queso, potajes y pucheros, ya que era lo que típicamente se comían en esa época. El postre más usado era el melocotón (de lata). La posada costaba seis pesetas. Además, la posada tenía una cuadra para que la gente que venían a vender naranjas, limones, sandías… con los burros pudieran dejarlos allí. Debajo de la posada había un bar, que todavía continua.; el bar del Tato. Podemos decir que Jerome Mintz cada vez que venía para poco tiempo durmió en esta posada”. 
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