En esta serie voy a analizar documentos aparecidos en el Boletín Oficial de la Provincia de Cádiz, dándole especial importancia a la comparación con la actualidad. Le toca el turno hoy a la concesión del estanco de Casas Viejas. En el Boletín Oficial de la provincia con fecha de 11 de agosto de 1871 viene insertado el siguiente texto:
OFICINAS DE HACIENDA
ADMINISTRACIÓN ECONÓMICA de la provincia de Cádiz
Hallándose vacante el estanco nú 8 de orden, situado en la aldea de Casas Viejas y correspondiente a las Administración de Rentas de Medina, por fallecimiento de la persona que lo desempeñaba, se anuncia al público para que llegue a conocimiento de las personas a quienes pueda convenir ocupara dicha vacante, las que deberán presentar sus solicitudes en esta Administración en el término de ocho días, a contar desde el de la inserción de este anuncio en el Boletín oficial de la provincia; siendo circunstancia especial la de acreditar encontrase con los fondos suficientes para pagar al contado los efectos que la Hacienda facilite para el completo surtido del referido estanco.
Cádiz 8 de Agosto de 1871. Manuel Justialano
Me llama la atención de este documento varias cuestiones. En primer lugar el nombre de estanco, que dependa de Hacienda, las condiciones económicas impuestas para su concesión y el número 8. En inglés los establecimientos que venden tabaco se llaman ‘tobacconist’ o ‘cigar store’ en castellano deberían denominarse “tabaquerías”. Lo mismo que deberían depender del Ministerio de Salud Pública ya que “Dado que el tabaco perjudica la salud, el Estado ha de controlar su distribución y la mejor forma de hacerlo es mediante un sistema de concesiones públicas sobre su venta”. También llama la atención que el máximo requisito que se solicite para la concesión del estanco sea la posesión de un determinado capital. Que sea el número 8 puede ser que el número viene dado por el orden cronológico en el que se conceda y al de Casas Viejas le tocó ese número. Más tarde, cuando se considera Casas Viejas como una entidad autónoma y se le conceda a Juan González Lago se le cambiará de nombre por estanco número 1, denominación que aún llega el que rige un descendiente de este Miguel Román Marín. El otro estanco de la localidad se concedió en los años setenta a Nicolás Vela Barca, pero en la actualidad lo regenta papelería May, a la que se lo vendió un miembro de la familia Vela Fernández.
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| Fotografía Jerome Mintz |
Volvamos a las tres primeras cuestiones. Según la RAE, ‘estancar’ significa “prohibir el curso libre de una mercancía, concediendo su venta a determinadas personas o entidades”. Es decir un estanco es la concesión de un monopolio a una persona para que venda ella sólo el tabaco (en el caso que nos ocupa, los hubo de otro tipo como la sal por ejemplo). Tiene un claro objetivo recaudatorio, por eso pertenece al Ministerio de Hacienda no de Salud. Por una parte el estado con una demanda asegurada controla la oferta y establece los precios (el estanquero se lleva un mínimo porcentaje previamente establecido) y por otra al tener un número concreto limitado de establecimientos monopolizados es más fácil luchar contra el contrabando (luego trataremos este término) de este producto. En resumen, los estancos no se crearon para controlar la salud pública, sino para aumentar la recaudación fiscal. Su origen hay que buscarlo en el siglo XVI tras ´”el descubrimiento de América” y la llegada de este producto al comprobar las posibilidades recaudatorias que tenía este impuesto indirecto. Los estancos igual que las farmacias, los taxis o las administraciones de lotería son huellas de un estado más intervencionista que el actual liberal y capitalista. Los fielatos desaparecieron los estancos no.
Pero en Benalup-Casas Viejas los estancos siempre han tenido problemas. Estamos en una zona marginal, aislada, tierra de nadie, fronteriza… donde ir contra la ley (contrabando) es más fácil que en otros lugares y sobre todo si está tan cerca de Gibraltar que desde principio del siglo XVIII que pasó a soberanía inglesa siempre ha sido un nido para el contrabando de tabaco. Especialmente intenso fue éste en la postguerra, donde las duras condiciones de vida forzaban a muchos benalupenses a jugarse la vida con este contrabando de tabaco y escapar del férreo control de la Guardia Civil (varios benalupenses perdieron la vida). En la actualidad, el contrabando sigue practicándose. Se vende mucho tabaco de forma ilegal hecho posibilitado por que muchos trabajadores de B-CV tienen en el campo de Gibraltar su puesto de trabajo. Pero el problema del contrabando no sólo se dio en el franquismo o en la actualidad, también en la segunda mitad del siglo XIX, como veremos cuando tratemos en el próximo post de esta serie a los carabineros.

