La familia Vela y Espina resultó la gran beneficiada del proceso de desamortización que afectó al campo de Casas Viejas en el siglo XIX. Pero esta acumulación no fue sólo en propiedades rústicas, también urbanas. Veintiuna de las cincuenta fotografías del catálogo corresponden a inmuebles de las familias Vela y Espina.

Nicolasa Vela era la hija de Antonio Vela y Luisa Morales, (matrimonio que a su vez se realizó de incognito por la procedencia menos ilustre de Luisa cuyos padres procedían de Algeciras y Gualchos, Granada), que pronto al heredar las propiedades y negocios de su padre Francisco se convirtió en la familia más poderosa de Casas Viejas de principio de siglo. Antonio y Luisa tuvieron cinco hijos; Juan (1884) Francisco (1887), José (1888) Nicolasa (1888) y Sebastiana (a esta le llamaban la Palma, “por esa manera de andar y moverse tan estirada”). Francisco murió muy joven y los otros cuatro iban a heredar las propiedades y el poderío social, económico y político de su padre. Nicolasa casó con Manuel Fernández Pérez. La boda se realizó en la iglesia provisional de la calle San Elías, propiedad de Antonio Vela.

Foto Mintz



Este dejó en herencia a su hija Nicolasa las propiedades urbanas de la calle San Elías, las de la calle Fuentes, las del Patio de Cantalejo y la Orativa (cortijo Ahorrativo, aparece en los mapas de la época debido según cuenta Mintz a lo poco que costó sembrar y cuidar las higueras, ya que se hizo con una especie de corveas medievales, o trabajos gratuitos de sus campesinos), también en el extrarradio. Todas estas propiedades luego pasarían a su único hijo José Fernández Vela “Pepito Fernández” y de ahí a sus herederos, salvo la Orativa que se vendió gran parte a Jesús Barberá. Estos herederos son los que más patrimonio urbano atesoran en la actualidad en el centro histórico. Nicolasa Vela Morales, nieta de Francisco Vela López, dejó sus propiedades en herencia a su único hijo, José Fernández Vela. Este vendió la Orativa, pero las casas de las calles San Elías, Doctor Rafael Bernal y Fuentes, y las del patio Cantalejo, todas en el centro histórico, las explotó como viviendas de alquiler; si las tres primeras generaciones de las familias Vela y Espina forjaron el negocio, a partir de los años sesenta los descendientes se convirtieron en rentistas.
Foto Mintz



Siete de las viviendas del catálogo son propiedad de la familia Fernández Gómez. Esta puerta es de una de ellas. Aquí vivieron, entre otras, las familias Guillén Domínguez y Flor Bancalero y Manuel Jesús Mate Gallego. La entrada de metal está mal encajada y tapiada con maderas de distintos colores. La cerradura la constituye un simple candados y desconchones por toda la fachada. Estas viviendas, a pesar de estar muy cerca de la alameda, han tenido un peor aspecto que las viviendas que rodean la plaza, como se ve en las fotografías. 
Foto Mintz



Esta casa es un ejemplo paradigmático de muchas de las viviendas del centro histórico; un espacio que fue, es y será vital para el pueblo. El estado de abandono y dejadez que presenta es propio de la mayoría de los inmuebles de esta parte del centro histórico. Pero tenemos que partir de la base que durante un tiempo fue la zona más importante del pueblo y también que se supone que más tarde o más temprano tienen que realizarse tareas de rehabilitación que le hagan recobrar la importancia urbanística perdida. Esta serie parte de la premisa que los barrios urbanos son entes biológicos, que tienen vida, que envejecen, pero que también rejuvenecen. La calle San Elías es la calle más antigua del pueblo, la que tiene más empaque histórico, más pronto que tarde, estas viviendas abandonadas deben ser sometidas a un plan de rehabilitación. Es desde esa amplia perspectiva y retrospectiva histórica, tanto lo que afecta al pasado como al futuro lo que nos permite, partiendo de la evidencia del estado actual del que se encuentra la mayoría de estas puertas, contemplarlas con cierto optimismo.


Es impresionante el vídeo de Mintz sobre la calle San Elías. Este vivió en esta calle de 1969 a 1970 y aprovechó para filmar bastante escenas. Estos outtakes demuestran el estado de abandono que sufrió el pueblo y en concreto esta calle durante el franquismo.





Calle San Elías, 5A
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