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| Fotografía Isabel Mateos y Andrés Barberán |
La casa de la familia Espina pasa por ser la más monumental, antigua y señorial del pueblo. Dispone de tres entradas y las tres aparecen en el catálogo, con usos y formas distintas. Esta estaba destinada a cerrar el hueco de acceso al espacio reservado para el coche de caballos de la familia. Se construyó en 1902 y la anchura permite el paso de carruajes. El dato es interesante; no ha habido en Benalup-Casas Viejas muchos coches de caballos. Fue construida por José Espina Calatríu y Nicolasa García Vela.
De una pedanía de Alcañiz Valjunquera era natural Maximino Espina Redolat. Maximino cursó estudios de ingeniera y obtuvo la plaza de ingeniero gubernamental. En calidad de ello fue trasladado a Medina Sidonia como encargado de supervisar la gestión de terrenos de propiedad estatal. El mismo cargó había ejercido en Extremadura, de donde procedía. En Medina conoció a la que luego sería su esposa María Calatríu Parrado, asidonense de nacimiento, estableciendo su hogar en esta localidad. José Espina Calatríu fue uno de sus hijos que cursó estudios de Medicina en Salamanca, Toledo Sevilla, donde acaba la carrera. Casualmente fue a ejercer a Medina donde conoció a Sebastiana García Vela, sobrina de Antonio Vela Pérez-Blanco con lo que entró a formar parte también de la gran familia de propietarios de Casas Viejas, ya que se había casado con ella en 1901. Tenía los mismos apellidos que su padre, Francisco, porque era costumbre que se desposaran los miembros de las familias con posibles entre sí. Esta tradición tendrá continuación en la familia Vela Espina. En 1908 se dividieron las propiedades de los Vela y los Espina y se formaron las dos grandes familias propietarias del pueblo del siglo XX. Ambas familias son en la actualidad las propietarias de la mayor parte de los inmuebles del centro histórico.
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| Aparece de izquierda a derecha Antonio Vela Barca, Pili Jiménez, Nico Espina García, Pepe Vela Barca, Teresa Espina García, Carlos Cabello, Purificación Espina Garcia y Salvador González. |
Después, en los años sesenta, fue la cochera del Ford de Salvador González Sánchez, esposo de Purificación Espina García. Por esa época en el pueblo tampoco abundaban los coches, por eso un vehículo de la entidad de un Ford debía ser guardado en una cochera. Allí se encerraba el coche hasta 1965 que se trasladó Salvador a Cádiz, pues prefería el mundo urbano al rural. Lo cuenta MIntz en los anarquistas de Casas Viejas: “En mayo de 1965, después de tres años de fracasos, consiguió librarse de sus responsabilidades agrícolas: vendió sus más de cien cabezas de ganado y alquiló su propiedad a un torero retirado que buscaba tierra para criar toros bravos. Cuando Don Salvador describió sus planes de mudarse a Cádiz a un visitante, no fue capaz de ocultar una sonrisa al contemplar lo que el destino le había deparado. Entonces estaba ocupado traduciendo un artículo científico sobre inseminación artificial para Don José, el veterinario del pueblo, quien creía que con esa información sería capaz de operar el escroto de un toro para los propietarios de Las Lomas. Eso podría significar una ganancia financiera que vendría como caída del cielo para el veterinario.”
Más tarde, el garaje se arrendó a Andrés Rodríguez Mateos (Andrés Ricardo), quien lo utilizó como almacén, pasando a su hijo Ricardo hasta fechas muy recientes. Parte de los mejores quesos y vinos del pueblo han madurado en este garaje. En la actualidad está pendiente de remodelación.
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| Foto Jerome Mintz |
El vano de la puerta está formado por un arco rebajado o deprimido y dos jambas, y se rellena con un marco de madera y dos hojas de cuatro tablas cada una. El conjunto se completa con un cerrojo, un candado y un disco de vado permanente. Pero esta cochera no se puede entender aisladamente, sino, como se dijo al principio de esta entrada, forma parte de una vivienda con tres accesos. Los otros dos serán las dos próximas entradas de esta serie.


