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| Remodelación de la Alameda a pincipio de los noventa |
Me gusta mucho la frase de que somos hijos de nuestro tiempo más que de nuestros padres. Para el caso del intento de derribo de la marquesina al hilo de la gran remodelación de la Alameda en los años noventa viene como anillo al dedo.
Con la llegada de la democracia y la consecución de la independencia el 20 de marzo de 1991 se cerraba una etapa y empezaba otra totalmente distinta. No sólo política, sino también cultural, económica, social y urbanísticamente. Nos interesa destacar que la centralidad urbana se desplaza del casco antiguo al ensanche de la mesa. Del 75 al 90 el gran crecimiento se concentra en el flanco oeste de esta, en torno a la barriada del Matadero, siendo la autoconstrucción la forma dominante para levantar las nuevas viviendas; es el caso del famoso barrio de Santo Domingo. En la primera legislatura de Ayuntamiento propio, del 91 al 95, conseguida la independencia había que proseguir y consolidar la creación de un nuevo pueblo. Coincidieron dos actuaciones muy importantes; por un lado, la llegada progresiva de los equipamientos e infraestructuras que la dependencia política había negado; y por otro, el crecimiento del pueblo por el flanco este. En este sentido, el convenio del Ayuntamiento con la familia Vela Flor resultó fundamental. Ambos llegaron al acuerdo de que el primero urbanizaba en dos fases el terrero que va hoy desde la estación de autobuses hasta el actual IES con el PER, y la familia donaba las parcelas urbanas para equipamientos e infraestructuras que se acordaran. Ejemplo de ello puede ser la actual estación de autobuses, la guardería, la piscina, el IES o el pabellón. Estamos ante la mayor operación urbanística de la historia de este pueblo. En ella tuvo un papel destacado el concejal de urbanismo, Pepe Coronil, nunca se le ha reconocido su labor lo suficiente.
Pero en esa primera legislatura también ocurrieron otras interesantes cosas: empieza a andar el proyecto Benalup 2000 que, aunque fallido, dejó grandes enseñanzas y esperanzas para el futuro. También es la legislatura en la que se decide que para un nuevo pueblo es necesaria una amplia remodelación de la vieja plaza de la Constitución, de la República, de Nuestra Señora del Socorro…, pero que todo el mundo llamaba, llama y llamará Alameda. De ello versa el meollo del post de hoy.
Pero en esa primera legislatura también ocurrieron otras interesantes cosas: empieza a andar el proyecto Benalup 2000 que, aunque fallido, dejó grandes enseñanzas y esperanzas para el futuro. También es la legislatura en la que se decide que para un nuevo pueblo es necesaria una amplia remodelación de la vieja plaza de la Constitución, de la República, de Nuestra Señora del Socorro…, pero que todo el mundo llamaba, llama y llamará Alameda. De ello versa el meollo del post de hoy.
La diputación provincial de Cádiz en manos del PSOE libró fondos para compensar a Medina y Benalup por el proceso de Segregación. Uno de los proyectos estrella fue la remodelación de la Alameda. El arquitecto se encontró un espacio público antiguo, construido a principios del XX donde las únicas modificaciones significativas que se habían realizado eran la sustitución del sombrajo por una marquesina en 1953 y la apropiación para la plaza, del atrio de la iglesia derribando las rejas, además de retirar la cruz de los caídos (principios de los ochenta), en un intento claro de separación del poder religioso y civil propio de los nuevos tiempos.
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| En la foto de Alfonso Pérez-Blanco se observan los tres elementos que el arquitecto quería eliminar; la cabina, el monolito y la marquesina |
Pero estamos a principios de los noventa, se está formando un nuevo pueblo y el arquitecto opina que se necesita una nueva plaza abierta, diáfana, clara…, sin elementos que la perturben. En su proyecto figura retirar el monolito que los anarquistas habían colocado en 1983, colocar nuevos asientos y pavimiento en la plaza, quitar la cabina de teléfonos… y; sobre todo, eliminar la marquesina porque, en palabras del arquitecto, se trataba de un «tramojo», de una rémora, de un anacronismo que impedía la percepción de una plaza moderna. Un nuevo pueblo necesitaba una nueva plaza más amplia, más moderna, sin obstáculos innecesarios, una remodelación que rompiera con su “cutre pasado”. Las casualidades de la vida hicieron que trabajara en la oficina técnica de arquitectura de Medina un benalupense que, al enterarse de las pretensiones del arquitecto, lo puso en conocimiento de las autoridades locales respectivas, de las que formaba parte. Francisco González Cabañas, alcalde, y su equipo, tras las negociaciones respectivas, dieron luz verde a los cambios proyectados por el arquitecto, pero consiguieron que la marquesina permaneciera, convirtiéndose en un símbolo del urbanismo benalupense; humilde y sencillo pero reflejo de la historia de este pueblo.
En lo que llevamos de curso de blog, la entrada más visitada con cerca de dos mil lecturas, ha sido la de los lugares emblemáticos de Mintz referidos a la marquesina. Ello me lleva a dos reflexiones. Si las ideas “innovadoras” del arquitecto se hubieran hecho realidad, en la actualidad, cuando doblamos la calle San Juan o venimos de la calle Conciliar, no nos encontraríamos con la marquesina. Tampoco con esas piedras jabaluna de su suelo que son un recuerdo de la antigua solería de esta plaza. ¿Qué sería el Marathón, del carnaval, de la fiesta de la independencia o de Ricardo sin “su marquesina”? Igual que ocurre con las chozas y la plaza de Abastos, de las que sólo nos quedan las fotos de Mintz, sucede con la marquesina ¿Triste, no?
En los años noventa, al igual que en los sesenta con la desecación de la laguna de la Janda, dominaba el paradigna desarrollista; se trataba de crecer, crecer y crecer. En la actualidad se ha impuesto la sostenibilidad que aboga por hacer compatible el desarrollo económico con el respeto al patrimonio natural y cultural. Lo cierto es que esa tendencia de la nueva civilización que consiste en imponerse destruyendo lo que ya había no es exclusiva de los sesenta o setenta. Lo hicieron los romanos con los poblados íberos y celtas, los cristianos con los musulmanes en casos tan conocidos como la sustitución de mezquitas por catedrales o incluso palacios (la Alhambra por el de Carlos V. Y es que una de las formas más claras en las que se manifiesta el poder que llega es ocupando ostensiblemente y a su manera el espacio público, lugar donde se desarrolla la madre de todas las batallas. Por fortuna, hay algunas excepciones y han conseguido salvarse importantes monumentos histórico-artísticos para la humanidad.
Eso fue lo que logró, cargado de sentido común, aquel concejal, Pepe Coronil, que trabajaba en la oficina técnica de arquitectura de Medina a principios de los noventa, cuando pudo parar el proyecto de derribo de la marquesina posibilitando que hoy el pueblo siga manteniendo parte de su esencia y conserve la marquesina como una de sus señas de identidad. Y es que este BCV siempre ha tenido un gran problema a este respecto, no porque no tenga patrimonio, sino porque hay mucha gente empeñada en negarlo, en evitar su desarrollo, mantenerlo y protegerlo.
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| Foto Raúl Casal |






