Fotografía Isabel Mateos y Andrés Barberán

José Vela Morales, pertenece a la tercera generación de los Vela que se desplazaron a Casas Viejas para gestionar los crecientes negocios urbanísticos y rústicos que tenían. Al igual que su abuelo Francisco Vela López y que su padre Antonio Vela Pérez Blanco fue adquiriendo solares. Uno de ellos a la entrada del pueblo, enfrente de lo que hoy está el bar Polvarea.

Como es muy típico en estas sagas familiares de propietarios las propiedades en suelos rústicos, urbanos y la participación en la vida política son tres variables de una misma cuestión. Recuérdese que uno de los objetivos de la desamortización, por la que se consolida la propiedad privada y se forma este pueblo era el político, el conseguir una élite de propietarios fieles al liberalismo, que ligaban su suerte con la del régimen liberal. En la Restauración este régimen viró hacia el caciquismo, que era una forma de control político de una minoría a una mayoría a través de las elecciones. Estos caciques eran los grandes propietarios y se encargaban a través del convencimiento o del fraude electoral de que la gente del pueblo votara al partido dinástico que estuviera en el gobierno en ese momento. 




Como reacción a esta forma de dominación política y económica surge el anarquismo. En Casas Viejas fue la ideología dominante entre los jornaleros y respondía al problema agrario o la imposibilidad de asegurar condiciones de vida optimas en el proceso de cambio de la propiedad comunal a la capitalista. Como es tradicional en estas sagas familiares de propietarios llega un momento en que la tendencia del negocio pasa de expansiva (adquisición paulatina y progresiva de terrenos), a rentista y luego a vendedora, lo mismo que abandonan el pueblo, se van a una ciudad más grande donde administran sus propiedades. José Vela Morales mantiene un enfrentamiento acérrimo con los campesinos anarquistas. Es culpado por parte de estos de los hechos del 11 de enero. A consecuencia de ello abandona el pueblo y nunca volverá a él, aunque mantiene sus propiedades rústicas y urbanas.
Postal de Casas Viejas de principios de la década de los treinta. A la derecha se encuentran los terreros que adquirió José Vela Morales



Alonso Cózar Guillén (Alonso Pipa), albañil de profesión, casado con Encarna Hernández de la Flor, sobrina de José Vela Morales, era el encargado de las posesiones de José Vela en el pueblo. Los herederos le regalaron el solar y también esta puerta, que procede de San Fernando. Alonso autoconstruyó la vivienda en los años setenta.  Hijo de Bernardo y Ana había nacido en el rancho de Bernardo Cózar Cabañas, casado con Ana Guillén Delgado. Allí en la calle Clavel 4 también nacieron sus hermano Curro, Antonio, Juana y Luisa. De familia de albañiles, sus antecedentes son de Algatocín de donde prevenía el patriarca de la saga Bernardo Cózar Romero. Alonso utilizó sus conocimientos en la construcción para hacerse esta magnífica casa en terrenos del tío de su mujer. 



Este proceso tuvo mucha importancia en el Benalup de Sidonia a partir de los sesenta. La autoconstrucción y la solidaridad entre vecinos jugaron un papel fundamental. Muchos se habían hechos albañiles en las Lomas o/y la costa y luego utilizan lo aprendido para construir su casa o la del vecino. Hay que situarse en el optimismo y la energía a partir de esa década para entender el dominio del régimen de viviendas de autoconstrucción.



Una primera puerta de madera da entrada a un pequeño pasillo, zaguán o casapuerta. El acceso está adintelado mediante un marco de madera coronado por un arco de medio punto, relleno con un bello herraje. El paño de madera, de color marrón, pulcro y elegante, incluye una cerradura y una moldura geométrica; una primorosa mirilla metálica completa el conjunto. Se trata de una puerta muy antigua, propia de la vivienda acomodada de la que procedía. Se conserva en buen estado y con ella se busca, y se consigue, prestancia y elegancia. La maceta añade un toque colorido al conjunto.
Calle San Juan, 41A
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