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| Foto Jerome Mintz
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Una de los temas más tocados en tierras de mujeres es el de las relaciones entre el mundo urbano y rural, enfatizando como el primero está aplastando al segundo. Sobre eso va el post de hoy.
María Sánchez dice: “Como nuestro patrimonio, como nuestra cultura. A veces vuelve el miedo, como el que sentí cuando no reconocía la voz de mi abuelo, al oir a la gente del campo usar palabras que son desconocidas y que en las ciudades no se oyen, ni existen. Muchas ni siquiera apare dn ya en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.
¿A dónde irá todo ese conocimiento cuando las últimas personas que lo usan y lo conocen mueran?
¿Cómo dejamos morir parte de lo que somos de esta forma? ¿Por qué desde las ciudades ni siquiera consideramos que esto es de todos?
Cultura.
Vuelvo al diccionario. A veces me da miedo entrar y comprobar que han borrado la primera acepción de la palabra, que quieren eliminar hasta el último rastro del origen de la palabra cultura.
Primera acepción:
1. f. cultivo
2. De la tierra
Lo que germina
Lo que crece
Lo que alimenta
Lo que hace posible la vida
Una y otra vez.
De nuevo, la venda para mirar los márgenes. Llega el tiempo de manos que no tiemblen para quitarlas.
De manos que señalen al que quiera arrebatarles la voz.
De manos que escriban su propia historia y que olviden la mancha en la frente
De manos que cuiden su medio rural y todo lo que contienen, como esos perros pastores que vigilan atentos, acompañando desde la distancia, a las ovejas de su rebaño que están a punto de parir y se extravían aposta, alejándose solas, buscando un sitio lejano y tranquilo, para traerá al mundo a sus corderos y hacer de nuevo posible, una vez más, la vida”
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| Foto Mintz |
Susana Tirado Jordán escribe: “En una época en la que hemos tendido al » yo sólo» como autosuficientes, al » no necesito a nadie» nos damos cuenta del error. Siempre se necesita a alguien aunque sea en recuerdos para sonreír.
Es bonito volver a nuestros orígenes, a nuestra tierra cuando hemos pasado años fuera de ella con todas nuestras vivencias en esos lugares, y hasta en esos lugares hemos conocido y necesitado de alguien.
Volver a nuestra tierra nos hace mejores personas y nos invita a reflexionar sobre lo que necesitamos a los nuestros, y unir a los que conocimos en otros sitios a nuestros amigos de toda la vida y familiares nos enriquece como personas y nos ayuda a empatizar.
La cultura y costumbres de cada pueblo, cada ciudad, el ver pasar a personas de distintas ideologías y razas y escuchar y entender y el ser comprensivos nos enriquece enormemente como seres únicos y como nación.
No cambio el pueblo por la ciudad pero sí acepto cada rincón de las mismas que me han aportado sabiduría y amplitud de miras.
Cada idioma, cada tertulia, cada perderse por calles y cafeterías observando y escuchando a los mayores y los jóvenes a mí me da vida y me hace sentir libre”.
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| Foto Mintz |


