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| Fotografía Isabel Mateos y Andrés Barberán |
Estamos ante una de las casas más señoriales y majestuosas del pueblo. Su origen hay que buscarlo a finales de siglo cuando el asidonense José Cantalejo, que también era concejal adquiere por 30 pesetas este solar que incluye la casa actual y el bar próximo de Ricardo, incluyendo la actual tienda y confitería. En 1909 José Cantalejo empujado por problemas matrimoniales emigra a Méjico y vende sus propiedades a Antonio Vela Pérez-Blanco, pero la vivienda de la Alameda pasa a propiedad de Antonio Alcantara Serrano, el herrero que ha hecho la función de corredor en el traspaso inmobiliario y se queda con ella como parte de sus honorarios por el trato realizado.
Antonio Alcantara ante la monumentalidad de la vivienda y lo excesiva que resultaba para sus pretensiones y necesidades; la divide en dos; una, la parte oriental la destina a vivienda familiar, y la occidental se la alquila a Ricardo Rodríguez Pérez-Blanco para que la explote como bar, posteriormente este se la comprará y pasará a su propiedad.
Desde finales del siglo XIX hasta la actualidad esta casa de los Alcántara ocupa la centralidad del pueblo. De hecho de las cincuenta fotografías de esta exposición de las puertas benalupenses, cinco pertenecen a ella. La que nos ocupa es la que comunica el patio con la calle San Juan. Estamos ante uno de los patios más bonitos y espectaculares del pueblo. Lleno de exuberante decoración hace de elemento central de la vivienda pues es el eje en torno al cual se distribuye el resto de las estancias de la casa. La sala de estar, el salón comedor, el dormitorio, la cocina y el aseo. Mediante unas escaleras se accede desde este patio a la azotea, como se ve en la fotografía. Destaca la fuente central culminada con una escultura de un niño. Las flores y las macetas contribuyen a realzar la monumentalidad y frescura del patio.
Durante la posguerra se construyeron varios edificios en los terrenos del cercado del cura. Entre ellos se dejó un callejón que comunicaba el Cine Román, la casa del padre Muriel, la de los barberos y esta vivienda de los Alcántara con la calle San Juan. En los años setenta, las hermanas Alcántara Olmedo remodelaron la casa que habían heredado de su padre Antonio.
La cancela es de hierro, forjado por Rafael Sánchez García (el Herrero) a partir de dos hojas gemelas, de tres pisos cada una: el primer piso es una plancha que impide la entrada de los animales; el segundo, una hoja con cuatro finas barras verticales, adornadas con círculos entre ellas; y el tercero, el ático, rematado por una cenefa.
Las vueltas que da la vida y la historia han hecho que estas dos casas en las que se partió la propiedad de Cantalejo se hayan vuelto a unificar en una sola propiedad, con la excepción de la confitería. A la muerte de su propietaria esta pasó a su familiar Amparo García, que al estar casada con Ricardo Rodríguez, el nieto del que la alquilo en 1909 y posteriormente se la compró, el antiguo solar ha vuelto a recuperar la unidad con la que se adquirió en 1893, salvo la confitería. Próxima la jubilación del actual propietario se ciernen dudas sobre el futuro en sus usos y aprovechamientos, lo que está claro es que lleva 126 años siendo cierto aquella frase del acta capitular del ayuntamiento de Medina en la que se vendía el solar a José Cantalejo: “la edificación proyectada por el Señor Cantalejo no solo tiene la ventaja de contribuir al ornato público sino que es un gran paso dado en el ensanche y en la prosperidad de Casas Viejas”. Desde el 6 de marzo de 1893 fecha de esta adquisición el solar ha ocupado un puesto importante en el devenir diario del pueblo. Seguro que lo seguirá haciendo otros 126 años, al menos.
Callejón de la calle San Juan


