MI RELACIÓN CON
CASAS VIEJAS
En 1987 llegué a Vejer de la
Frontera como maestro, por aquel entonces Profesor de Educación General Básica,
con destino definitivo en el Colegio Público “Los Molinos”. Un par de años
después me compré mi primer coche nuevo (los anteriores habían sido de trfry
….era mano) y, decidido a hacerle pronto el rodaje, comencé mis excursiones por
la comarca. Aterricé en Benalup de Sidonia una tarde de mayo de 1989.

Aparqué
frente al mercado y comencé a callejear, dispuesto a preguntar a la primera
persona que encontrase por los Sucesos de Casas Viejas, que había conocido a
través de la lectura, en 1978, de “Juan March y su tiempo”, de Ramón Garriga.
No recuerdo en qué calle, localicé a una hacendosa señora que barría su
casa-puerta. Me dirigí a ella, identificándome como aficionado a la Historia e
interesado en conocer, de primera mano, los Sucesos de Casas Viejas. Su
reacción me dejó estupefacto: Soltó la escoba y mirándome con los ojos como
platos, cerró la puerta dando un portazo que, si me alcanza la cara, me hubiera
dejado sin nariz. Así que aparqué mi curiosidad y desvié la investigación por
otros derroteros. En Vejer tuve la ocasión de conocer a D. Ángel Tinoco,
auténtica enciclopedia viviente sobre la Historia de Cádiz y su provincia y, a
través de su docta charla, comprendí que el paso de los años no había borrado
el horror de los sucesos de la memoria colectiva de los benalupenses. Por el
contrario, había depositado en ella una mezcla de terror y silencio ignorante.
De los sucesos no se hablaba, de los sucesos no se investigaba, no se leía, no
se trataba de recordar, no se pensaba….SILENCIO, incluso un sentimiento de
culpabilidad, porque los verdugos habían generado la culpa en las víctimas.



A principios de los noventa
apareció en la comarca un grupo de teatro madrileño, la Compañía García Lorca,
que organizó cursos de teatro en distintos pueblos, entre los cuales estaban
Vejer y Benalup de Sidonia. Mi mujer participó en el curso de Vejer y así fue
como conocí al director de la compañía y el magno proyecto de la teatralización
de los Sucesos, protagonizada por decenas de vecinos, dispuestos a sacudirse el
miedo, poner palabras al silencio y reivindicar su propia memoria. Luis
Vijuesca, creo recordar que era el director de la obra, me habló de la
dificultad que tenía a la hora de hacer que los hombres participantes
encarnados en guardias civiles y guardias de asalto pareciesen tales. Leí el
guión, de autor para mí desconocido (el nombre parecía alemán), y me ofrecí
como instructor de todos los uniformados. Participé en la catarsis colectiva,
con una mía particular, dando salida a mi, hasta entonces, frustrada vocación
militar. Seguro que los casaviejeños  que
vistieron de uniforme en aquellos días recuerdan aún la inflexible disciplina
militar que les traté de inculcar y las minuciosas “revistas” que les hacía
padecer antes de salir a escena: Guerreras perfectamente abrochadas, correajes
y botas brillantes, cabello al dos, gorras y tricornios encasquetados y
derechos….Saludos, giros, tratamiento (Mi cabo, mi sargento…desterrando el
anglosajón y cinematográfico señor nunca usado en España). Me transformé en
casi pesadilla, pero, entre todos, logramos el objetivo. Cuando los guardias
salían a escena, al público se le aceleraba el pulso y se le erizaba el vello.
Infundían miedo.


Con nuestro entrañable Juan
Moncayo y comprando en tiendas de segunda mano de San Fernando y en el Rastro
madrileño, uniformamos a la fuerza. La armamos con fusiles “MAUSER” del museo
de Vejer y con subfusiles fabricados por carpinteros locales, tan bien hechos
que la Guardia Civil (la de verdad), que recogía el armamento tras cada
representación, se llevaba también las imitaciones.


No viví el proceso de
independencia, porque estuve desvinculado de Casas Viejas más de diez años.
Durante este tiempo, estudié la Licenciatura de Historia en la Universidad de
Granada, sin dejar de trabajar como maestro en Vejer, y aprobé las oposiciones
a Profesor de Enseñanza Secundaria, en la que empecé a trabajar durante el
curso 2000-2001, en el IES “Vicente Aleixandre” de Barbate. En el curso
2004-2005 me trasladé al IES “Casas Viejas” y conocí a los que serían con el
tiempo, mis mejores compañeros y, no obstante, amigos: María, Aniana, Salus,
Pepe “Capita” y Rafa Castaño.


Y así entré de lleno en Casas
Viejas y en su mundo, poblado por más compañeros y compañeras, entre estas
últimas Isabel Sánchez y María del Carmen Alcedo junto a Manolo Viciana y por
alumnos y exalumnos, por padres y madres del alumnado y por cientos más de
personas que me abrieron sus casas y sus corazones, con vivencias, recuerdos e
ilusiones compartidas.


Trabajando con Salus y Pepe
terminé doctorándome en la asignatura de los Sucesos de Casas Viejas, proseguí
asesorando en las reconstrucciones teatrales de éstos y participando en
jornadas, mesas redondas y cualquier reunión de estudio al respecto.


Y es que Casas Viejas y sus
gentes enganchan. Creo que dentro de la memoria de los pueblos late un corazón.
El de Casas Viejas ha sufrido mucho y lo sigue haciendo con cada latido. Pero,
al tiempo, crece en Nobleza, esa que perdona tus errores y atesora tus
aciertos. Por eso estoy unido a Casas Viejas por el resto de mis días, que
espero luengos y provechosos para ambas partes
Enrique Carabaza Bravo.

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