Con mis primos Vicente y María del Amor
Cada uno de nosotros somos, en gran medida, nuestros orígenes, y nos  construimos con las experiencias gratificantes que nos regala la vida.


Tanto mis orígenes y como gran parte de mis experiencias más valiosas se encuentran en Benalup-Casas Viejas.

Semanas antes de parirme, allá por el año 1965, mi madre decidió darme al mundo en el Hospital de Marina de San Carlos, en San Fernando, ya que le pareció un lugar mucho más seguro para dar a luz a su primogénito que la casa de sus padres, al lado de la fuente del Chorro Grande. Era absurdo renunciar al privilegio que le ofrecía el hecho de que mi padre fuese militar y que ella pudiera dar a luz en un hospital.
Con María, Lucas y Luna

A las pocas semanas, volvía al pueblo con un pequeñajo que a partir de ese momento iba a recorrer en multitud de ocasiones el camino que lleva de San Fernando a Benalup.

Así que soy un benalupense nacido en La Isla o un cañailla de Casas Viejas, depende de dónde esté en cada momento. Si estoy en San Fernando, siempre digo que soy de Benalup, a mucha honra, y que nací en San Fernando por pura casualidad. Sin embargo, cuando estoy en Casas Viejas, soy Manolo, el hijo de Daniel Mateos y Ana María Morillo, aquella pareja que en los años sesenta se fue a vivir a San Fernando porque Daniel decidió, como su hermano Antonio, quedarse como infante de marina cuando lo llamaron a filas.
Manolo y Morganne

Como gran parte de la familia de mi padre y de mi madre vivían en Benalup, prácticamente todos los fines de semana de mi infancia los pasaba en el pueblo.

Mi tía María Mateos y su marido, Antonio el Molinero, regentaban por aquel entonces una modesta tienda de alimentación que tenía de todo un poco. Sus hijos, mis primos Vicente, María del Amor, Rosa, Manolito, Angélica, Moi y más tarde Noemi, y sus vecinos de la Calle Nueva, se convirtieron en mis compañeros de juegos durante los fines de semana de esos años.

En el pueblo también vivía (y sigue viviendo) mi tía Rosario Morillo y su marido, Sebastián Manzorro. Con mis primos María José, Isa, Luis Miguel y Yolanda pasé también muchos ratos durante esos fines de semana.

Recuerdo que tenía contados el número de pasos que separaban la casa de mi tía María de la de mi tía Rosario, más de tres mil pasos de un camino que recorría en muchas ocasiones cuando estaba en el pueblo.
Preparando la representación de los sucesos

Mis tías Carmela, Pepa y Amparo Mateos y sus hijos e hijas completan mi familia en el pueblo, un lugar que se ha convertido habitualmente en punto de encuentro familiar para todo tipo de celebraciones.

Tras los años de juventud, que pasé en Galicia, donde cursé la carrera militar, me casé con María Muñoz-Delgado Serrano, hija de Consuelo Serrano Vela, también originaria de Benalup. La relación con el pueblo se reforzaba. Mis hijos mayores, María y Pablo, saben que ellos son también como del pueblo y aparecen por aquí de vez en cuando.

Cuando nos separamos, allá por el año 2002, el pueblo y sus gentes se convirtieron en mi tabla de salvación. Todos los fines de semana que podía me escapaba de San Fernando y mi primo Manolo, Manolito el de Los Jardines, me acogía en su casa del Patio Cantalejo y en su pub, “Los Jardines de Murillo”. Allí pasé muchas noches, muchas madrugadas, charlando con los vecinos y con el gran número de forasteros que disfrutaban de la magia de la noche de Casa Viejas, y conocí multitud de historias que contaban entre risas tras unas cuantas cervezas a las puertas del alba.

Muchas noches compartí lecho con mi primo, aunque a veces, cuando por fin entrábamos al Patio Cantalejo para acostarnos, el sol ya había empezado a subir la cuesta que había de llevarle al mediodía.

Desde entonces, he compartido muchos momentos con mi primo, la mejor persona que he podido conocer, todo generosidad, resolución y capacidad de superación. El benalupense más importante para mí sin ninguna duda, con él iría al fin del mundo, o me quedaría para conocer los entresijos de Casas Viejas, el centro del universo.

Poco después, mi primo Manolo se “arrejuntó” con María. Ya la conocéis, María es una líder cultural, una referencia como mujer capaz de llevar las riendas de cualquier responsabilidad, ya sea una cuadrilla de albañiles o una compañía de teatro, un ejemplo de solidez y de honradez. Y sobre todo, una amiga de verdad.

Y por fin, también en Benalup, cómo no, llegó Morgane a mi vida, y con ella la bondad y la tolerancia hechas ser humano. Una mujer que ama Benalup. Espero que mi compañera de fatigas y madre ideal para nuestras hijas Luna y Enora (que también son un “mucho” de Benalup) siga acompañándome en mis idas y venidas al pueblo durante mucho tiempo.

En aquella época, Manolo, María, Morgane y yo, formamos la Asociación Cultural Teatral Hijo de la Luna, que hoy en día sigue siendo una referencia cultural en el pueblo y, por qué no decirlo, en la provincia.

Sandrine y Araceli completan el club de las ilustres benalupenses que son del pueblo por derecho propio, aunque no hayan nacido aquí (como ocurre también con el eminente benalupense que me acoge en su blog en este momento). Ellas también nos unen a Morgane y a mí con más fuerza a nuestro querido pueblo.

La mayor parte de las experiencias gratificantes de las que hablaba al principio las he vivido en Casas Viejas junto a todos ellos: la escritura con mi primo del guión de los Sucesos de Casas Viejas, los ensayos y su puesta en escena de la obra de teatro, la experiencia de “Los Monólogos de la Vagina”, de “Un Mundo Gris” y de alguna que otra obra de teatro preparada por María para el Día de la Mujer, las recreaciones históricas y otras actividades de las Semanas de los Sucesos, los concursos de pintura infantil en las distintas plazas del pueblo, las sesiones de cine, como la del Autocine de este mismo año, las excursiones al embalse del Celemín y a Las Gargantillas, las berreas, los senderos a pie y en bicicleta, los carnavales, las reuniones familiares, los bares, cafeterías, pubs, la Alameda, y un larguísimo etcétera.

Este conjunto de experiencias inolvidables vividas en el pueblo, junto con mis orígenes naturales, me hacen sentir orgulloso de poder considerarme un hijo de Benalup-Casas Viejas, eso sí, nacido en La Isla.


Manuel Mateos Morillo
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