“Cumplido mi deber, ceso de actuar y, repasando mi actuación durante el curso de este proceso, he de declarar que no tengo nada de que arrepentirme, ni he empleado ninguna dureza innecesaria. Con esta sinceridad deseo que el Jurado actúe y que pueda mirar para dentro con la misma tranquilidad que yo en estos momentos”
De la intervención final del abogado Andrés López Gálvez como acusación particular en el juicio sobre los sucesos de Casas Viejas
Una tela de araña que cuando te atrapa no te deja escapar: así es Casas Viejas.
Muy joven leí Viaje a la aldea del crimen, de Ramon J. Sender, y reforcé mí ya creciente interés por considerar que la Historia no era la enumeración de unos hechos sino la construcción de un conocimiento científico que nos permitía, como Lucien Febvre enseñaba a los alumnos en 1941, señalar que el sentido de los estudios históricos “no es un fragmento de lo real, uno de los aspectos aislados de la actividad, sino el hombre mismo, considerado en el seno de los grupos de que es miembro”. Una tela de araña que incorporaba lecturas muy diversas vinculadas a los hechos trágicos de 1933 acecidos en Casas Viejas: a partir de Sender y desde Jerome R. Mintz a Salustiano Gutiérrez. Además, muy joven, con no más de quince años, mantuve una relación, más bien epistolar que otra cosa, con otra joven de Casas Viejas de mí misma edad. Ni ella, ni yo, y sin saber porque, dejamos de escribirnos. No obstante, es un agradable recuerdo de la localidad de hace más de cincuenta años.
En un viaje a Madrid, en el mercado de libros antiguos y de ocasión que se instala en la cuesta Moyano, con la estatua de Pío Baroja al fondo, descubri un libro escrito en 1965 por el Secretario Judicial de la Audiencia de Cádiz, Manuel García Ceballos, que con el título Casas Viejas. Un proceso que pertenece a la Historia reproducía partes del desarrollo del proceso seguido en la Audiencia de Cádiz contra el capitán del Cuerpo de Seguridad y Asalto, Manuel Rojas, a las que se les añadían unos comentarios del autor acordes con la versión que el Franquismo hizo de los sucesos de Casas Viejas y tomadas como referentes para denigrar a la República y a los dirigentes del primer bienio (1931-1933). La posterior lectura del libro (no lo compré, sino que lo leí en la Biblioteca Pública Municipal “Celestino Mutis” de Cádiz, donde existe un ejemplar) me aportó el nombre del abogado de la acusación particular y el procurador de esta: Andrés López Gálvez y Tomás Fabrellas Peña, respectivamente.
Conocía las historias de López Gálvez y Fabrellas Peña a través de mis estudios sobre la depuración del personal docente en la provincia de Cádiz, pero desconocía, en ese tiempo, sus implicaciones en los hechos de Casas Viejas.
López Gálvez perteneció al claustro de profesores de la Escuela Normal de Cádiz hasta 1936 y participó activamente en los movimientos asociativos del magisterio gaditano contribuyendo al desarrollo de Trabajadores de la Enseñanza {Federación de Trabajadores de la Enseñanza de la Unión General de Trabajadores (FETE-UGT)}. Se le consideraba perteneciente al grupo de personas de prestigio y cercanas a los fines de FETE-UGT, junto a otros personajes del ámbito cultural y educativo gaditanos: Rafael Alcalá Santaella, Luis Uturbey, Enrique Álvarez López, Valentín de la Varga, Francisco González Ponce, Ana Valladolid, Josefa Pascual, y Antonio Roma Rubíes.
Su actuación como abogado de la acusación particular en el juicio al capitán Rojas, sus implicaciones políticas (entre otras, su nombramiento en marzo de 1936 como delegado provincial representante del partido Nacional Republicano en la asamblea a celebrar en Madrid) y la pertenencia a la Masonería no solo implicó su detención y encarcelamiento tras el levantamiento militar de julio de 1936, sino también la destitución como profesor de la Escuela Normal de Cádiz.
De otro lado, Fabrellas Peña, profesor del Instituto de Cádiz, hombre de cualificación extraordinaria (experto en armamento y electrónica, conocimientos de idiomas, etc.), al igual que López Gálvez, perteneciente a la Masonería, fue detenido y encarcelado en 1936 por los militares golpistas (falleció en la cárcel).
La vinculación de ambos con Casas Viejas me movió a interesarme más por este pueblo y remover conocimientos de su historia: he seguido los estudios sobre los sucesos (creo que casi todos), estudiado su estructura educativa y sigo puntualmente este blog (espero que por muchos años). He sentido de una manera entrañable a Casas Viejas: su olvido, sus “apariciones” marianas, las idas y venidas (como los cantes) de algunos de sus líderes, su segregación de Medina Sidonia, su desarrollo escolar, …Cada vez que puedo, cuando viajo hacia el Campo de Gibraltar, desvío mi camino y antes de enfilar la carretera A-2226 (Casas del Castaño) dirección a la autovía A-381 hago un descanso en Benalup-Casas Viejas.
Manuel Santander Díaz. 6 de febrero de 2020


