D. Manuel Cañas, el héroe de 1918
Me invitó ayer  Jose Luis Hernández a la proyección el día 19 de Marzo del documental Casas Viejas 1933 en el festival de Málaga. Pese a la que está cayendo y la precaución que me pide le digo que voy. Incluso pienso en comprarme ropa para el evento.

A los cinco minutos aparece en mi móvil una noticia anunciando que el Ayuntamiento de Málaga suspende el festival de cine de Málaga. Se lo digo a Pepelu que no sabe nada. Decepción mayúscula para los dos. Veo también que el miércoles y el jueves a las nueve de la noche en el teatro actua Manolo Carrasco ofreciendo el concierto Pianissimo Flamenco para ser retransmitido en Milán, tras ser suspendido allí por el coronavirus o Covid 19. Le pregunto a Jozito, concejal de facto de cultura, aunque no oficialmente todavia, por las razones de que haya elegido nuestro pueblo y me dice que los organizadores le pidieron a Manolo Carrasco que buscara un teatro donde actuar y retransmitirlo. Se pusieron en contacto con él y rápidamente llegaron al acuerdo: «el pianista gaditano ha querido agradecer la disposición y el trato recibido por el Ayuntamiento de Benalup». Está claro que nos está afectando el dichoso virus más de lo que nos gustaría. En casa se habla de la conveniencia de realizar excursiones, de suspender grandes eventos como la fiesta de la Independencia o la Semana Santa sevillana o si hay que abastecerse de comida de forma extraordinaria (nos reenviamos por whatsaap un texto que dice que los que están acopiado productos, se lo piensen dos veces antes de criticar a los que huyen de la guerra). 





Parece claro que hay que buscar el equilibrio entre las necesarias medidas preventivas y la evidencia de  que el miedo es una enfermedad tremendamente contagiosa y se propaga con más rapidez que cualquier virus.



Yo creo que la historia nos puede servir para deambular en esta disyuntiva. En 1918 ocurrió la falsamente llamada gripe española que mató entre 50 y 100 millones de personas. En Casas Viejas murieron cerca de 200 personas. Factores biológicos y humanos explican la mortalidad de estas epidemias. Hay una carta de 22 de diciembre de 1918 de un casaviejeño al Diario de Cádiz alabando el papel del médico Manuel Cañas en esta falsamente llamada gripe española. Leyéndola podemos entender que las malas condiciones económicas y sanitarias de la localidad explican que en esta población la mortalidad fuera que los pueblos del entorno: «Las autoridades empezaron a tomar medidas acertadas, pero
que sirvieron poco para contrarrestar los progresos que hacía la enfermedad en
la chozas y tugurios donde viven la mayor parte de los vecinos y donde la
miseria, el hambre, por  desgracia y la
misma estrechez de las viviendas dieron pábulo a la enfermedad y fueron
numerosos los focos por los que se propagó». 
En la actualidad las condiciones higiénicas y económicas han mejorado tanto que no admite comparación con la situación de 1918. 


Otro asunto interesante es el papel de los médicos. En esa misma carta se cuenta: «Todavía no se había convertido en general la epidemia cuando
se vieron acometidos por ella el médico que hacia las veces del titular, D.
Federico Ortiz Villaumbrales, y poco después el mismo titular D. José Espina
Calatriu, quedando la aldea abandonada de la asistencia facultativa casi en su
totalidad, pues el señor Ortiz, desde su lecho respondía a las consultas que le
hacían los atribulados los vecinos y amigos de los pacientes.
El problema cobró tan amplia dimensión que el gobernador
civil toma cartas en el asunto y las autoridades deciden enviar a Manuel Cañas
Fuentes a hacerse frente de la situación, un médico que todavía no había
terminado su carrera. Cuando la epidemia se termina el pueblo agradecido lo
despide con grandes honores, le regala un anillo tras una suscripción popular y
le regalan un libro (el libro rojo con letras de oro) donde la mayoría de los
vecinos que saben firmar lo hacen y expresan su agradecimiento al citado
doctor».
En el libro rojo aparece una obra de teatro sobre la actuación de Manuel Cañas escrita por el párroco Manuel Barberá Saborido y las firmas de los agradecidos paisanos. Firma la élite del momento y ponen la huella dactilar los jornaleros analfabetos. En los textos tan importante es lo que se aparece escrito como lo que no. En estas firmas llama la atención la ausencia de la del médico Federico Ortiz. Por el libro de los anarquistas de Casas Viejas nos enteramos de que hubo problemas sociales entre los vecinos y este médico, pues tomaba tantas precauciones que se negaba a contactar con los enfermos. 





El coronavirus que nos amenaza y asusta va a poner a prueba el sistema sanitario español, que dicen que es el mejor del mundo. Pero la sanidad madrileña  está dando pruebas de que ya está desbordada ante  lo mal que le han sentado los recortes sanitarios tras muchos años de gobiernos conservadores que priman la sanidad privada y limitan a la pública. En un vídeo de crónica cable.com se dice que es ahora  cuando vamos a ver a la sanidad pública lo que vale
y la privada se lavará las manos. Ante las graves consecuencias económicas y sanitarias que vendrán el sistema de salud va a ser sometido a todo un estress gracias a la expansión del
miedo.  Insiste en que la sanidad privada se lavará las manos como recoge un reportaje de Publico. Según el locutor en este momento va a quedar claro que quienes hacen enfermar a
nuestro sistema sanitario son los que defienden los recortes en la pública y los incentivos a la privada.



Pero hay un segundo aspecto que me interesa mucho de la situación actual, que es el de la información que tenemos sobre él. También nos vale lo que pasó con la mal denominada gripe española de 1918. En el artículo del Diario de Cádiz se dice: «Al principio de la epidemia nos creíamos inmunes de la
enfermedad, una vez que todo el ambiente que rodea a esta pintoresca aldea
respiraba salud. Cuando se inició la enfermedad y los partes facultativos
anunciaban los primeros casos, dudábamos y mucho menos, creíamos posible
llegara
  a tomar tanto incremento». Recordemos que llegaron a morir cerca de 200 personas de los 2397 habitantes, es decir, cerca de una décima parte de la población. Parece claro que además de las condiciones económicas y sanitarias en ese alto grado de mortalidad influyó la analfabetización general y la falta de información. De hecho una de las causas de la gran mortandad que provocó en el mundo la gripe de 1918 fue el denominarla Gripe española, lo que no correspondía a la verdad. El virus surgió en Europa en el campo de batalla durante la primera guerra mundial. La censura para no minar la moral prohibía que se dieran datos sobre ella. España como era neutral permitió que circularan libremente las informaciones. Los ingleses, franceses y alemanes empezaron a llamarla gripe española, sin ser conscientes de que entre ellos llevaba más tiempo. Después se consolidó ese nombre que estaba siendo utilizado por las naciones que habían ganado la guerra 
(ispanka, espanhola, la grippe
espagnole, die Spanische Grippe). Lo de gripe española se unió a la leyenda negra sobre nuestra historia que habían creado los mismos en la Edad Moderna.


La OMS es consciente de que ponerle nombre a las enfermedades que hagan referencias a lugares, personas, animales… puede crear olas de racismo e ignorancia que no facilitan su combate. Por ello usa el nombre de COVID-19 que  tiene como finalidad evitar el uso de  nombres que pueden
ser estigmatizantes, como el de gripe china. La OMS tiene claro que cerrando fronteras no se evitan la entrada de los virus, sino que la medida más eficaz se encuentra en la colaboración voluntaria de la población. Para ello la gente debe de estar informada y ser consciente de los peligros que le acechan y de las medidas que tienen que tomar. Es esa política de transparecencia que está intentando llevar a cabo el gobierno español. Pero la globlalización en la que nos encontramos, además de ayudar a propagar más fácilmente la enfermedad, también facilita la difusión de bulos falsos sobre ella. Ahora no hay censura, pero hay bulos y son gratuitos. Además, como en el caso de la gripe española y el caso de Zamora (la ciudad donde más muertos hubo en España en 1918 porque el obispo obligó a los feligreses a que acudieran a las iglesias para arrepentirse de sus pecados ya que consideraba la epidemia como un castigo de Dios, saltándose las recomendaciones de las autoridades civiles que pedían que se quedaran en casa)
 se ha demostrado que el gobierno irani ocultó la gravedad de la Covid-19 en la ciudad santa de Qom por las presiones de las autoridades religiosas que no querían molestar a los peregrinos. 




Parece claro que las condiciones actuales son mucho mejores que en 1918, que el sistema sanitario puede controlar y mitigar los efectos de esta epidemía más y mejor que en la falsa gripe española, pero está nos demuestra que la transparencia, la información y la colaboración ciudadana van a resultar fundamentales en la evolución de esta epidemia, que queramos o no, nos tiene metido el miedo en el cuerpo. 
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Un pensamiento en “La Covid-19 y la (falsamente denominada) gripe española

  1. Interesantísimo. Es importante desmontar viejos bulos y que se conozcan las realidades actuales sobre la sanidad española, a ver si nos enteramos de lo que tenemos y, al igual que la educación, no tiremos piedras a nuestro tejado siendo que, lo público es de todos y es lo que debemos fomentar para que no suceda lo que en los superpaises en los que los pobres y muchos obreros no pueden permitirse ir al médico porque se trata de sanidad privada y no tienen dinero para ello. Enhorabuena.

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