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| Eduardo Pérez Ruiz y Luisa Torres del Río (archivo familiar) |
Al día siguiente de la denuncia el comandante de puesto y un número del cuartel de la Guardia Civil se dirigen al cortijo de la Herrumbrosa a tomarle declaración a los caseros o encargados de la finca. Se trata de Manuel Mateo Estudillo y Antonia López Estudillo.
De la entrevista se hace un informe donde podemos leer con detalle como se produce el secuestro y como los maquis aprovechan la ocasión para llevarse algunos víveres del cortijo. Dice así: «En virtud de la denuncia que antecede y ya acatado el servicio con el personal dispuesto para ello, salió el Brigada que suscribe acompañado del Guardia segundo Antonio Márquez Pilares, y personados a las trece horas del día veinticuatro en el Cortijo La Herrumbrosa fue requerido el encargado del mismo el que preguntado por la forma en que se había desarrollado el secuestro de Eduardo Pérez Ruiz, manifestó este llamarse, Manuel Mateo Estudillo, de cuarenta y siete años de edad, casado, natural y vecino de Benalup de Sidonia con domicilio en la finca la Rejumbrosa de la que está encargado, que sobre lo ocurrido respecto al secuestro del tal Pérez, solo puede decir que él marchó con las cabras que guarda o apacenta diarimente quedando Eduardo en el Cortijo y al volver a eso de la puesta del sol, y asomar a las proximidades del corral de las cabras para encerrarlas notó que había varios hombres con el dueño de la finca y al extrañarle esto trató de hacer la entretenida pero en estos momentos lo llamaron y al llegar a ellos estaba uno de los bandoleros terminando de escribir un papel que le dieron al dueño de la finca para que lo firmara y en este momento le preguntaron al declarante si era el cabrero de la casa y el contestó afirmativamente. El mismo Eduardo le entregó el papel que había firmado diciéndole este y alguno más de los otros que en aquel momento lo trajeron y lo entregara a sus familiares; que en el momento de pretender emprender la marcha para el pueblo le dijeron que les trajera dos piezas de pan y al salir para buscarlas, porque se encontraban a unos cien metros de la casa dijeron dos de ellos “nosotros lo acompañaremos” que de estos dos solo entró en la casa uno. Una vez dentro solamente cogió unos dos kilógramos de tocino, una olla pequeña de porcelana que estaba llena de manteca, una lata como de dos litros de miel y unas cuantas aceitunas, marchándose estos a incorporarse con los otros y diciéndole ya puede usted marcharse a Benalup a entregar el documento, haciéndole seguidamente sin volver a verlos más.
Preguntado este por las señas personales de los sujetos, número de ellos y armas que portaban, manifiesta que él vio como cinco hombres que estaban reunidos con Eduardo Pérez, pudiendo asegurar que uno tendría unos veinticuatro o veinticinco años y llevaba una pistola y un palo, otro de unos treinta años más bien alto, y cree que el armamento que portaba sería un fusil, otro de unos cuarenta años más bien alto, moreno, con una escopeta de dos cañones, no pudiendo dar las señales de los otros dos porque no se pudo fijar en ellos, pero si sabe llevaban armas sin poder decir la clase que estas fueran, todos vestidos (ilegible) y tocados con boinas, no pudiendo determinar más detalles, ya que en aquellos momentos anochecía, que antes de esto el oyera que se lo iban a llevar sabiendo que el secuestrado era un viejo le insinuó a los secuestradores que se lo llevaran en un burro, como así lo hicieron, pero en la (ilegible) del veinticuatro fue encontrado el aparejo de este caballo por un grupo de fuerzas en el sitio conocido por el Carrascal, metido en un charco grande de agua y distante del cortijo como unos quinientos metros, a la vez fue buscado el burro que apareció también por aquellos alrededores .
Por el censo de 1917 sabemos que Eduardo Pérez Ruiz nace en 1880 en Jubrique, Málaga; viene a Casas Viejas en torno a 1908, con cerca de 30 años y en 1910 nace su hija Isabel. Su mujer, Luisa Torres del Río, había nacido en Casas Viejas en 1882 (según el censo de 1906) pero sus hermanos eran naturales de Jubrique así como su padre y madre (Isabel Ríos Ruiz), que también proceden de Jubrique y se establecen en la Herrumbrosa. La familia de Isabel lleva ya una generación aquí cuando llega Eduardo. Se casan y siguen viviendo en este pago. En 1917 la familia está formada por ellos dos y su hija Isabel Pérez Torres de siete años. En otro rancho de la Herrumbrosa viven los cuñados de Eduardo: Antonio, Cristóbal, Isabel y Luisa. Se trata de una familia de Jubrique, del Valle del Genal, que posiblemente vinieron de sopacas (segadores en la temporada estival) a Casas Viejas, y como tantas otras se establecieron aquí.
Eduardo y Luisa va haciendo rentable la explotación agraria progresivamente pues en 1945 son propietarios de todo el pago y además han podido comprar una casa en Casas Viejas en la calle San Juan. Donde vive la familia, aunque tanto el padre como los hijos acuden diariamente a la Herrumbrosa a trabajar. Allí están de encargados Manuel Estudillo y Antonia López. Manuel se encarga de las cabras y Antonia de la casa. En la próxima entrada nos centraremos en las declaraciones de Antonia y la relación de ambos con la Guardia Civil y los maquis.


