Antonia López Estudillo y Manuel Mateos Estudillo. (Archivo familiar)
En la visita que hace el brigada y el número de la Guardia Civil al cortijo de la Herrumbrosa además de preguntarle al casero y guarda de las cabras Manuel Mateos Estudillo también le toman declaración a la mujer de este Antonia López Estudillo

«Preguntado sobre el particular, la esposa del anterior compareciente que se encontraba en el Cortijo La Herrumbrosa al ocurrir los hechos, manifiesta llamarse Antonia López Estudillo, de cuarenta y siete años de edad, casada, natural y vecina de Benalup de Sidonia con domicilio en La Rejumbrosa, que sobre lo ocurrido al dueño de la finca Eduardo Pérez solo puede decir que encontrándose por la tarde en los quehaceres de su casa llego un hijo suyo que se encontraba tras de la casa cogiendo leña, diciéndole yo he visto cinco hombres correr, la dirección que llevaba hace poco Eduardo y en estos momentos se asomaron a la puerta viendo como venía Eduardo subido en el burro y un hombre tirando del cabestro y otro detrás, al que se lo llevaron a unos cien metros de la casa, no viendo nada más que el que entró  se quedó en la puerta, fijándose solamente en que el que estaba en la puerta parecía que tenía un fusil, pues con el miedo no se atrevía ni a mirar, que una vez que se fueron ella y su marido no pudieron mirar ni la dirección que pudieran haber tomado, solamente ha sabido después que un grupo de fuerza de la Guardia Civil encontró el aparejo del burro en el sitio conocido como el Carrascal metido en un arroyo de agua, que nada más puede añadir a lo expuesto y para que así conste firma esta manifestación con la que se muestra conforme” Firman Antonio Márquez y Antonia López



La declaración de Antonia López Estudillo no aporta nada nuevo. Confirma que se produce el secuestro y que los cinco secuestradores (luego serán seis) se lo llevan dentro de la sierra. Por tanto, la versión de Manuel Pérez Regordán no se corresponde  con la verdad. Con toda probabilidad las fuentes orales que lo informan confunden el primer con el segundo secuestro. Escribía Pérez Regordán sobre este segundo secuestro: «Durante la redacción del documento y firma, observaron los guerrilleros la presencia inmediata de la Guardia Civil, por lo que dijeron al secuestrado:

Ahí está la Guardia Civil, por eso te vamos a dejar escapar, pero con el compromiso de que nos tienes que entregar el dinero exigido lo más pronto posible».




De fecha 3 de marzo de 1945 es el primer secuestro que tenemos documentado. Resulta frustrado por la intervención de la Guardia Civil. En el sumario de Pedro Moya Paredes, al que en un principio se le achaca la autoría (y luego se demostró que no había participado) aparecen varios documentos sobre él.  Su lectura nos confirmarán que las fuentes orales confunden el primero con el segundo. En primer lugar reseñaré la declaración del que intentaron secuestrar: “Eduardo Pérez Ruiz de sesenta y cinco años de edad, de profesión campo, natural de Jubrique y vecino de Benalup de Sidonia con domicilio en calle San Juan dijo: Que el día por el que se le pregunta cuando el dicente regresaba del pueblo subido en una bestia, de hacer la compra, al llegar a la finca que posee, le salieron dos desconocidos armados los cuales le obligaron a que se bajase de la bestia y al mismo tiempo que le pidieron el dinero que llevaba. 

Que el declarante le manifestó que no llevaba nada más que tres duros en la cartera y se la entregó no llevándose los citados desconocidos las quince pesetas y tan solo un kilogramo de pan de los catorce que había comprado en el pueblo, así como un cuarterón de tabaco. Que los referidos individuos le manifestaron que como no tenía dinero tenía que marcharse el dicente con ellos, a lo que se negó, toda vez que el llevárselo a él para escribir una carta a su familia pidiéndole por el rescate Diez mil pesetas. Que como el dicente le dijo que en su casa no tenían esa cantidad ni a quien pedírsela estuvo a porfía con ellos hasta que se conformaron con dejarlo suelto y que al día siguiente fuese subido en una bestia y con un pañuelo en la mano a dejar Cinco mil pesetas en un padrón que existe próximo a donde ocurrieron los hechos. Que mientras esto ocurría un hijo del declarante había visto como dos desconocidos escopeta en mano hablaban con el dicente por lo que en una bestia de un vecino salió al pueblo por otra vereda sin que fuese visto y dio conocimiento a la Guardia Civil, llegando esta al poco tiempo, cuando ya el dicente se encontraba en la finca, relatándole todo lo que le había ocurrido”






Al día siguiente del incidente, 4-3-1945,  el sargento Manuel Marín, Comandante de puesto de Casas Viejas le comunica al teniente coronel jefe de la Comandancia de Cádiz las actuaciones de los guardias civiles a su cargo: “A las 6,30 horas de ayer que se hallaban apostado en el comprendido entre el Ventorrillo del Tuerto y la Posada Arrieros que comprende las fincas de Picaso y la Arenosa del término Municipal de Medina Sidonia, el Corneta Francisco López Desdentado, Elías Díaz de Argandoña y Rafael Oliva Parrado y Luis Galisteo Corcoles, por haber tenido conocimiento que dos hombres armados de escopetas habían exigido dinero al vecino de esta Eduardo Pérez Ruiz, con domicilio en el Rancho Herrumbrosa, que había de llevar a las 16 horas, se apostaron convenientemente antes del amanecer distribuidos por las fincas y notaron a la indicada hora la presencia de un hombre que portaba una escopeta el que al darle el Alto, emprendió la fuga siendo tiroteado. Escapando a causa de la baja niebla que reinaba no presentaba buen blanco, y aunque es creencia de estos que debe estar herido, se interno en el monte donde desapareció, abandonando en su huida, una escopeta, una Chaqueta y un jarrillo de lata que al margen me permito reseñar, continuando su búsqueda hasta las 16 horas sin haber podido tener resultado positivo”


Manuel Mateos Estudillo y Antonia López Estudillo abandonaron la Herrumbrosa cuando a la muerte de Eduardo Pérez Ruiz la familia vende la finca. Se trasladaron a Albarianes, donde ella seguía trabajando en el cortijo y él de cabrero. Más tarde recalaron en las Gargantillas. Siempre contaron a la familia que la época de «los hombres de la sierra» fue muy dura. Por un lado les tenía que dar comida a la Guardia Civil cuando llegaban al cortijo y por otro a estos huidos que se escondían de la benemérita. Como veremos más adelante, todos los que vivían en el campo en esa época tuvieron que buscar la supervivencia en medio de un frente bélico muy hostil.
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