El gran éxito ¿político? del franquismo fue la desideologización de la gran mayoría de la población española. Recordemos que la Segunda República se caracterizo por una participación muy elevada de las clases medias y populares en la cosa pública. Ello fue cortado de raíz con el franquismo. En Benalup esa tendencia no solo se cumplió, sino que debido a sus circunstancias históricas (los Sucesos), económicas (subdesarrollo) y políticas (dependencia de Medina) se radicalizó. En el franquismo solo una mínima parte de la población benalupense participó de alguna manera en las cuestiones políticas.

Todos los sociólogos y politólogos coinciden en que para el propio régimen la desmovilización social y política fue uno de los éxitos más importantes del franquismo. Junto a esta el otro gran rasgo a caracterizar es la extensión del conservadurismo tradicional  asociado al conformismo.  En la España de Franco, el miedo a participar en todo lo concerniente a política era algo palpable y constatable. El temor era el punto de conexión de todas las relaciones sociales y personales, no solo por el gran número de chivatos y confidentes reales existentes, sino también por los que se creía que había. A la palabra miedo, al  temor hay que  añadirle dos nuevos sustantivos, resignación y adaptación a las nuevas circunstancias, para entender otros dos: sumisión e inmovilidad de la sociedad franquista, aún más acentuada en el mundo rural y mucho más en Casas Viejas, pues la represión sufrida tras los sucesos incrementó exponencialmente el miedo, el terror, el espanto ante la posible utilización de instrumentos y medidas represivos. Recordemos que este pueblo nació con el problema agrario y uno de los principios que extiende el latifundismo clásico es el fatalismo andaluz, como modo de sustento y supervivencia del mismo sistema.








El miedo es una de las señas de identidad del periodo  franquista en general pero también  de esta etapa en particular, como cuenta Juan Moreno a Mintz.

«J.M.- ¿Se dice que aquí la gente tiene miedo en general?
Juan Moreno. Si, yo sé que sí.
J.M.- ¿Por qué?
Juan Moreno.- No sé porqué. Tienen miedo de hablar. Y por ahí todo el mundo habla, en Barcelona, Madrid, Valencia… Yo no tengo miedo
J.M.- ¿Por qué hay más miedo aquí que allí?
Juan Moreno.- Porque tienen menos cultura. Si fuera un tío que hubiera corrido mundo y que leyera mucho… no importa. Yo puedo hablar lo que me dé la gana. No hablando contra el gobierno»

Sobre las causas de esta desmovilización política y social y la extensión del conformismo y fatalismo Antonio Cazorla en Los españoles de a pie bajo el franquismo aporta algunas ideas interesantes: “La mayor preocupación de los trabajadores, y de la gente común, seguía siendo la supervivencia, lo que, por supuesto, fue muy conveniente para el régimen. Mientras los españoles pensaran en la comida y las deudas no tendrían enenergías, ni siquiera ganas, de plantearse alternativas políticas”. Obviamente la situación económica por si sóla no explica esta desmovilización y este conformismo típico del franquismo, Antonio Cazaorla habla también del miedo, la represión y  la propaganda: “El miedo general a la confrontación fraticida y la represión directa no eran los únicos instrumentos de control del régimen; también estaban las mentiras”. 




José Suárez Orellana en sus memorias no pulbicadas  reflexiona sobre esta afirmación:  “… Ellos hablaban mucho del Imperio establecido en España por la gracia de Franco y de Dios, y yo decía que si un Imperio era tener dos clases de españoles, una que le sobraba de todo y que vivían a todo placer y otra que carecía de todo y no se les daba más derecho que ver, oír y callar”
Pero hay un tercer elemento que puede explicar el triunfo de la desmovilización y del conformismo. Esa obligación de ver, oir y callar que decía Suárez Orellana. Me refiero a la presión sobre las familias de los que no se adaptaban a las condiciones del franquismo. Sobre ello versará la próxima entrada de la serie. 
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