Antonio Cazorla escribe lo siguiente en Los españoles de a pie bajo el franquismo:
“Para un régimen que de forma deliberada confundía moralidad con clasismo, indolencia en materia social con probidad, y feminidad con matrimonio y domesticidad, invertir dinero en el cuidado de los hijos de las mujeres trabajadoras no fue nunca una prioridad. Los políticos de la dictadura fueron incapaces de mirar más allá del prejuicio ideológico según el cual las madres debían encargarse de criar a los hijos y olvidarse de ganar dinero fuera de casa. La idea subyacente era que, si había necesidad, las mujeres debían reducir sus gastos pero no renunciar a su sagrada misión de madres. Las jerarquías del régimen —cuyas esposas podían disponer fácilmente de criadas que se ocuparan de sus más pequeños— no se molestaron en entender, y mucho menos en afrontar, que el salario de la mujer trabajadora era esencial para sus familias. Una de las consecuencias de esta óptica reaccionaria y sexista fue el déficit crónico de centros que ofrecieran servicio de guardería»
En la entrada anterior vimos la eclosión de las guarderías o migas privadas en Benalup de Sidonia. En concreto nos centramos en la de Mercedes Lara. Hoy lo vamos a hacer en su continuadora Pilar Sánchez Bancalero. Sobre las guarderías
Tibisay Cózar y Ana Estudillo le hicieron una hermosa entrevista para el número 1 del Canapé en noviembre-diciembre de 2006. De allí voy a rescatar algunos párrafos: «Nacida un 1 de mayo en Benalup, fruto del matrimonio de Ana y Juan, Pilar funda en 1963 la «guardería de todos», situada en Corea, en la que durante 34 años ha recibido educación una generación tras otra. … Un día me llamó el cura, en el cincuenta y tanto, y me preguntó que si quería irme al Tajo a dar clases en la Iglesia, y los niños no veas, saltaban hasta por encima de las mesas… Allí estuve cinco años, arreglaron la escuela, vino una maestra nueva y ya me fui de allí. Fue entonces cuando en el corral de mi casa monté una guardería (que dura hasta treinta y cuatro años) para todas las edades, desde los más chicos hasta lo más grandes, porque entonces no había escuelas como hoy y en la guardería podían estar hasta los ocho años. Mi escuela tuvo mucho éxito, porque siempre hubieron muchos niños… Después el alcalde me ofreció el edificio de Corea, con un patio muy grande, y desde donde nos íbamos a la «montaña de Heidi» (frente al antiguo ambulatorio, donde habían muchas vinagreras y eucaliptos…) a merendar. Allí los niños veían hasta el abuelo de Heidi en un hombre que se sentaba a hacer toniza junto a su perro. Lo pasábamos muy bien, pero eran otros tiempos porque hoy no juegan los ñiños a la casita, ni ves un niño saltar a la comba, jugar a las bolas… nada más que la Play, la tele. Los juegos de antes eran más sanos que los de ahora…¿Quienes fueron tus primeros alumnos? Isabelita y Tania las del Estanco, y las dos del Resbalón. Estaba haciendo la escuela, y para que no estuvieran en la calle, las madres las trajeron y yo las puse en una habitación de mi casa. ¿Has notado cambios en los niños de una generación a otra? Hombre, en los últimos se ha notado bastante. Ya no era lo mismo, eran los hijos de los primeros, pero catorce veces más traviesos, mas caprichosos… y las madres se lo compraban todo (que si chocolate, que si un camión…) Antiguamente venían al colegio con el desayuno y ya está. ¿Los niños te ven aún y te saludan? Claro. Cuando me hicieron el homenaje los primeros que me recibieron fueron mis propios niños. Es que yo he sido muy buena con ellos, nunca los he castigado, no les he pegado en la vida… hacían lo que querían: si habia que disfrazarlos porque hubiera un cumpleaños pues se disfrazaban de indios, de gatitos, de payasos… y hasta en carnavales se cantaban letrillas como «esto es, carnaval, está lloviendo pero es igual».
José Luis Pérez Ruiz, Santo, le escribió este pasodoble en su agrupación La Janda de 1992.
¿ Adónde va ese chiquillo
Que apenas sabe ni andar ?
Tirando de su mamá
Que a hablar se ha parado con la vecina
¡ Qué alegre y contento está!
Se ha levantado temprano
«Pa» ser primero en la «Miga»
En sus ojillos traviesos
Grabadas brillan mil ilusiones
Que le aligeran el paso:
¡ Corre que es tarde, mamá !
Colgándole en sus espaldas
Luce una enorme maleta
Cuaderno, lápiz, goma y el «saca»
…Y el bocata «pal» recreo ;
Que no ha querido siquiera
Con la impaciencia desayunar.
Ya se siente más feliz
Bajando desde El Cañuelo,
Sólo la esquina doblar
Y mi Escuela ya está aquí;
Suelta la manita de su madre :
No le da tiempo a decir
Ni hasta luego a su chaval
Porque el niño corre adentro
Buscando el recibimiento
De su maestra, ¡ Ay, cuántos besos !
Son ya tantos años,
Tantos niños educando
A tu manera : Madre y Maestra,
Sin exigir ni esperar
Sueldo que te compense por tu trabajo
Que lo tuyo está pagado solamente con Amor.
Hoy va por ti mi cantar
Elogiando tu labor,
Me sale del corazón.
¡ Te lo mereces, Pilar !
A Pilar Sánchez Bancalero : Historia de Benalup-Casas Viejas.
Pilar Sánchez simboliza dos de los grandes logros de esta tierra en los últimos cincuenta años. La incorporación de la mujer al mercado laboral y la generalización de la enseñanza para amplias capas de la sociedad. En ambas tuvo un papel importante y protagonista. En esos treinta y cuatro han pasado muchos niños y niñas por la amabilidad de Pilar Sánchez, iniciando, rodeados de ternura, ese duro trance que es siempre el aprendizaje.
Hoy la escuela de adultos lleva su nombre para la posteridad, hace unos años que se le homenajeó con motivo del día de la mujer trabajadora y en el 2006 el Ayuntamiento le concedió «la medalla de oro del pueblo». Pilar Sánchez despertaba una de las pocas unanimidades que se dan este pueblo; la del reconocimiento a su labor, como mujer, como trabajadora, pero sobre todo, como maestra. Esta gratitud colectiva hacia Pilar forma parte de nuestra memoria colectiva, porque como dice la frase «el agradecimiento es la memoria del corazón».





